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Las celebraciones de la Santa Misa continúan normalmente:

Parroquia Inmaculada Concepción:

  • Miércoles a Sábado 20:00 Hs - Domingos 08:30 Y 20:00 Hs.

Capilla Virgen del Rosario de San Nicolás (B ° Belgrano):

  • Martes y Sábados a las 19:00 Hs en
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“Levántense y no tengan miedo”

Jesús - (Mt 17, 7)

En toda circunstancia, debemos recurrir a la súplica, que irá acompañada de la acción de gracias; por ello les invitamos al Encuentro de oración con Jesús, presente en el Santísimo Sacramento, de Lunes a Viernes de 09:00 a 11:00 Hs  en la Parroquia Inmaculada Concepción. 

 Jesús te espera, nuestro pueblo cuenta con tu oración, el mundo lo necesita!

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Catequesis Parroquia de Iniciación Cristiana 2020

Parroquia Inmaculada Concepción 

INSCRIPCIONES
Sábados 07 y 14 de marzo de 08:30 hs. a 10:00 hs.
INICIO DE ENCUENTROS
Sábado 21 de marzo a las 08:30 hs.

Requisitos
Para los que inician su preparación a la Sagrada Comunión:
☑️9 años y/o estar en 4to grado
☑️Inscriben los padres

Capilla Virgen del Rosario de San Nicolás 

INSCRIPCIONES
Sábados 07 y 14 de marzo de 18:30 hs. 
INICIO DE ENCUENTROS
Sábado 21 de marzo a las 17 hs.

Requisitos
Para los que inician su preparación a la Sagrada Comunión:
☑️9 años y/o estar en 4to grado
☑️Inscriben los padres

 

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El curso se realizará los segundos sábados de cada mes, inicia el 11 de abril de 09:00 h. a 11:30 h. en nuestra parroquia Av. Cabred y Calle San Marcos

 

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?INSCRIPCIONES


  • Sábados 07 y 14 de marzo de 08:30 hs. a 10:00 hs.


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  • Sábado 21 de marzo a las 08:30 hs.

Requisitos

Para los que inician su preparación a la Sagrada Comunión:
☑️9 años y/o estar en 4to grado
☑️Inscriben los padres

 

 
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Requisitos: 
Tener sacramentos de iniciación cristiana
Concurrir a clases los segundos domingos del mes
Dos faltas como máximo
Avisar a sus párrocos que están cursando, para que los liberen de actividades, el día de clases
Colaboración mensual $200, incluye materiales de estudio
Iniciamos el 8 de Marzo, entrada a las 8:30 hs/  compartimos almuerzo a la canasta/ luego clases/ oración/ salida 16 hs aprox.
Los interesados podrán inscribirse en Secretaría parroquial los días jueves y viernes de 17 a 19 hs. y sábados de 9 a 11 hs.
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Una vez más comenzamos a preparar la Colecta Cuaresmal Solidaria, que fue instituida por nuestro Obispo Juan Martínez, la colecta se realizará en todas las parroquias y capillas de la Diócesis, durante las misas del fin de semana del sábado 21 y domingo 22 de marzo. Si alguna persona no puede participar en la celebración eucarística en estas fechas, puede hacer su ofrenda en las semanas siguientes.
Invitamos también a todos los colegios católicos a vivir esta colecta como una oportunidad para reflexionar con la comunidad educativa, la necesidad de renovar el ejercicio de la caridad.


El fruto de esta colecta lo administra el equipo de Cáritas Diocesana, para ir construyendo las viviendas a partir de los proyectos que presentan las parroquias para solucionar el problema habitacional de familias que viven de manera indigna e inhumana.
Este año quisimos poner un lema que nos recuerde el verdadero sentido del Cristianismo, que es el de vivir concretamente lo que nos enseñó Jesús y de esta manera transformar la realidad de muchas familias que viven en condiciones muy precarias y sufren la marginación y el hacinamiento.
“Con Jesús transformemos realidades” será el lema que nos invite a colaborar este año con la COLECTA CUARESMAL SOLIDARIA DEL 1 % DE NUESTROS INGRESOS y así cambiar, mejorar y demostrar que como cristianos estamos comprometidos con las enseñanzas de Jesús y que no somos cristianos de escritorio, sino que nos comprometemos a vivir el Evangelio.


Esta cuaresma te invitamos a transformar la vida de muchas familias que diariamente sufren en carne propia la pobreza y la marginalidad y que a través de tu aporte podrán tener una mejor calidad de vida. Queremos que el tiempo de preparación para la Pascua nos encuentre comprometidos con nuestros hermanos más necesitados; y además de prepararnos en oración podamos vivir concretamente el significado de la Pascua y resucitar como mejores cristianos.
Este año te pedimos que te sumes a la colecta y ayudemos a que más familias tengan un techo digno y hagámoslo desde el amor que nos da la capacidad de ayudar y hacer el bien desde una manera altruista, desde la caridad desinteresada, de obrar para glorificar el nombre de Dios y poner en práctica las enseñanzas de Jesús.


Hagamos el bien aunque el resto no lo note. Difundamos amor y caridad porque ésta es la manera que desde nuestro lugar, podemos instalar generosidad, equidad y justicia en nuestra sociedad.


La fe debe ejercitarse desde acciones concretas. Cada acción caritativa que hagamos agrada a Dios, nos reconforta el espíritu y beneficia al más necesitado.
Por ello, que nuestro ánimo no decaiga, que la fe se fortalezca aun cuando no veamos los frutos de nuestra siembra, por que a mayor tiempo, dedicación, amor y compromiso mayores serán las cosechas en bendiciones en nuestra vida otorgadas por Dios. Tu esfuerzo ayuda a cambiar la vida y las viviendas de muchas familias.
El año pasado, el monto de la colecta fue de $972.287,85 (pesos novecientos setenta y dos mil pesos doscientos ochenta y siete con ochenta y cinco centavos). Del total recaudado se utilizó $952.650,40 (pesos novecientos cincuenta y dos mil seiscientos cincuenta con cuarta centavos) con los que se realizaron 45 soluciones habitacionales construidas en la ciudad de Posadas, Garupá, Candelaria y en las localidades de Corpus, Santo Pipo, San José y Azara. Cabe destacar que el saldo de $ 19.637,45 (diecinueve mil seiscientos treinta y siete con cuarenta y cinco centavos) se sumará a la colecta de este año 2020. Agradecemos a todas las comunidades parroquiales y educativas que hicieron posible estas construcciones con el esfuerzo realizado en la colecta. Es bueno recordar que esta colecta no recibe, ni pretende recibir dinero del Gobierno ni de ningún organismo del Estado. Pretende ser el fruto de la generosidad personal y comunitaria de los católicos de la diócesis de Posadas y de la gente de buena voluntad, que quiere socorrer a los hermanos sufrientes.


Sabemos con total claridad que nuestro aporte es muy pequeño, teniendo en cuenta el enorme déficit habitacional que afecta a tantas familias de nuestra diócesis. Obviamente, corresponde al Estado encarar este problema, con los recursos que destina a los proyectos habitacionales, que deben privilegiar y priorizar a las familias más pobres y abandonadas, muchas de ellas viviendo en asentamientos, con todo tipo de carencias. Pero sobretodo, nos importa que esta colecta sea una nueva posibilidad para reflexionar sobre la centralidad que tiene la caridad en la vida cristiana. Más que el dinero, nos importa la transformación de nuestros corazones para poder amar a los más pobres, débiles y sufrientes, con el amor de predilección que Jesús tuvo para ellos.


Ponemos bajo el cuidado de María de Loreto, Madre del Pueblo de las Misiones, a todos nuestros hermanos que sufren la pobreza y la exclusión y le pedimos que nos dé un corazón generoso para compartir con ellos la vida y los bienes que necesitan para vivir con mayor dignidad.
Equipo de Cáritas Diocesana

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En la noche del viernes 6 de diciembre, Monseñor Juan Rubén Martínez ordenó tres nuevos sacerdotes en la Iglesia Catedral San José de Posadas, ellos son los presbíteros Francisco Javier Alegre, Víctor Abelardo Benítez y Leandro Germán Kuchak.
En una hermosa celebración eucarística, acompañada por todos los sacerdotes de Posadas y algunos también de la diócesis de Oberá, estuvieron presentes algunos diáconos y toda la comunidad del pueblo de Dios. Allí el obispo posadeño invitó a los nuevos sacerdotes a ser puentes entre Dios y la comunidad.


Para la celebración eucarística, también llegaron los familiares de los nuevos sacerdotes, desde distintos lugares del país y desde otros países. Durante la homilía, el prelado diocesano se mostró muy emocionado y destacó el gozo que significan estas ordenaciones ya que es un hecho inédito para este momento que siempre desde diferentes lugares se busca alejar a los jóvenes de Dios. “Agradezco a Dios por esta bendición, porque sus familias dijeron que sí y los acompañaron en esta decisión. A partir de este momento, ustedes se transforman en puente de Dios con los hombres y son para el pueblo de Dios.
“Estas ordenaciones porque son muy significativas para la misión evangelizadora de la Iglesia, porque todos sabemos la gran necesidad de sacerdotes que hay siempre. Nos gusta decir que “la mies es mucha y los operarios no son tantos”. Por eso queremos decir Gracias a Dios porque va proveyendo, pedimos por más, pero Dios va proveyendo y por eso queremos tener un corazón agradecido”, dijo Monseñor Juan Rubén Martínez
Monseñor, también recordó que cada uno de nosotros está llamado por Dios a diferentes vocaciones y a estos tres jóvenes los llamó a servirlo desde el sacerdocio, a ser puentes entre Él y su pueblo. Ellos han experimentado esta vocación, este llamado y le dijeron que Sí al Señor. Este sacramento que es de segundo grado de la Iglesia se imprime, lo haciendo imponiendo carácter y la Gracia del padre, en el corazón de estos jóvenes para siempre.
El obispo en cada ordenación sacerdotal, recuerda con una pequeña catequesis el significado de la vocación del sacerdocio, en esta oportunidad explicó que es un “llamado a ser puentes” y está anclado profundamente en el llamado que hace Dios y en la respuesta de estos jóvenes. Este puente está anclado una parte en Dios y la otra en el pueblo, es por eso que son “puentes de Dios para el pueblo de Dios” y esto es bueno tenerlo profundamente comprendido.
Para finalizar, Monseñor, les recordó a los nuevos sacerdotes que están llamados a “dar la vida”, que no es otra cosa que amar y tener los mismos sentimientos que Cristo Jesús, tener un corazón compasivo, cercano, salir al encuentro de todos y contarles que Dios los ama, no por ser perfectos, sino por ser sus hijos. Debemos ser humildes y compasivos para llevar amor a donde reina la soberbia y la maldad y así poder ser verdaderos puentes entre Dios y su pueblo. Siempre es bueno que recordemos que por más de que el tiempo pase rápido, y tengan muchas cosas o tareas para hacer, lo que no pasa nunca es el amor de Dios derramado en las comunidades. La vida pasa rápido pero el servicio y el amor no lo hace.
Luego de la celebración eucarística los nuevos sacerdotes hicieron la bendición y saludaron a sus familiares y amigos, en un excelente clima de fiesta. Y luego de eso compartieron un brindis en las instalaciones del colegio Santa María.

Fuente Pastoral de Comunicacón

 

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Este domingo 8 de diciembre fue una verdadera fiesta en la localidad de Concepción de la Sierra, donde junto a la reliquia del Corazón de San Roque González de Santa Cruz se celebraron los 400 años de la fundación de la localidad.

El obispo de la Diócesis de Posadas, Monseñor Juan Rubén Martínez,  presidió la misa de acción de gracias por este aniversario y por la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Fue una ceremonia eucarística muy emocionante, marcada por la historia y la identidad de la localidad, en un maravilloso día de sol. Fue un momento propicio para agradecer el enorme gozo de tener presente el Corazón de San Roque González. También, pidió a María que nos enseñe a decir que Si al Señor.

Con la premisa de tener el corazón puesto en el corazón del otro, para entender su dolor y acompañarlo, el corazón de San Roque, quién sin lugar a dudas enseñó entre las primeras comunidades, ingresó a la Plaza Central del Pueblo recibido con palmas por la comunidad y en un clima de oración propicio para el momento. Cabe destacar que la reliquia fue trasladada desde la ciudad de Asunción, ingresó al país acompañado de Gendarmería Nacional, y en una caravana custodiada por la policía y también especialmente acompañado por el intendente de la localidad Carlos Pernigoti. Una vez en la localidad fue trasladado en procesión por las calles y fue llevado en todo momento por el obispo diocesano, acompañado de los seminaristas del Seminario Diocesano Santo Cura de Ars y sacerdotes de la Diócesis y de Paraguay. Al llegar al lugar donde iba a ser depositado y antes de colocarlo ahí, el Obispo levantó el corazón para mostrárselo al pueblo.

Durante su homilía, en un maravilloso clima de fiesta, Monseñor Juan Rubén  Martínez, agradeció el enorme gozo que significó para la comunidad y para toda la Iglesia contar con la presencia del Corazón de San Roque, “porque su corazón nos invita a evangelizar de la misma manera que él, poniendo enteramente el corazón”. El obispo recordó que cada cristiano está llamado a evangelizar y dar una respuesta de manera concreta, porque el Evangelio se debe vivir, no solamente predicar y eso nos enseñó San Roque, que amó tanto lo hacía  que incluso dio su propia vida por ello. “Tenemos que aprender a evangelizar como lo hizo María, poniendo el corazón pero sobre todo siendo mansos y humildes, sabiendo que lo que hacemos lo hacemos porque Dios así lo quiso”, fueron algunas de sus palabras.

El obispo, también se refirió al sí de María, ese sí que permitió que podemos ser salvamos, un sí que nació de la sencillez y la humildad de reconocerse sierva de Dios. “Ese es el sí en respuesta a Dios es lo que hoy necesitamos como Iglesia. Necesitamos creer en ÉL, en ese Cristo vivo y tenerlo así en nuestro corazón y esto no son sólo palabras, tiene que ser algo concreto, porque Jesucristo para los cristianos es la clave y sin ÉL nos estamos conduciendo al desastre. Muchos nos decimos cristianos, pero nuestras opciones, criterios y estilos de vida no tienen nada que ver con el sí que tenemos que darle a Él, que es el camino, la verdad y la vida. María fue feliz porque ella encontró su vocación con el Señor, su vocación primera fue ser la madre del Salvador, y así con esa respuesta y su obediencia libre, María fue feliz”.

Para finalizar la homilía, Monseñor pidió que aprendamos de la Virgen  María, porque ella es “la mujer del sí, aprendamos  a decir con sencillez, sí Hágase Señor. Ese sí que lo celebramos a diario en la Eucaristía pero que tiene que replicarse en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra misión, en nuestros criterios, nuestro tiempo necesita de ese sí, porque necesita tener esperanza. Pidamos a María, la mujer del adviento, la que espera que nosotros como ella podemos decirle que sí a Dios”, finalizó.

Luego al finalizar la misa, la municipalidad de Concepción realizó el descubrimiento de una placa conmemorativa en el medio de la plaza central y se realizó un pequeño acto conmemorativo. Mientras que la reliquia incorrupta del corazón de San Roque González permaneció expuesta durante todo el día para ser venerado por todo el pueblo y la comunidad que fue llegando desde diferentes partes de la provincia.

Fuente: Pastoral de Comunicación

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 1 de Adviento (1 de diciembrede 2019).

Estamos iniciando el tiempo del adviento, o sea, de preparación para celebrar la Navidad. Desde ya que todos sentimos el cansancio del fin de un año que se nos presentó en muchos aspectos difícil y exigente. En este contexto la liturgia del adviento nos invita a animarnos en la esperanza.

El Evangelio de este domingo (Mt 24,37-44), nos exhorta a la vigilancia y a la fidelidad: «Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndalo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada» (Mt 24,42-44).

La liturgia del adviento subraya el sentido pleno de la esperanza cristiana, la esperanza «escatológica», la del final de los tiempos. Pero de ninguna manera esta perspectiva que nos hace reclamar: «Ven Señor Jesús», nos deja en la pasividad. Esto sería una esperanza alienante y la esperanza cristiana, por el contrario, nos exige comprometernos con el presente y evangelizar nuestra cultura y nuestro tiempo.

No claudicamos en la esperanza y creemos que las cosas pueden mejorar si mejoramos nosotros y nos convertimos a Dios y a algunos valores indispensables como la vida, la verdad y la justicia. Pero tampoco podemos dejar de tener los pies sobre la tierra y ser claros frente a los problemas que se nos presentan.

Sorprende cómo en muchos medios de comunicación, en publicaciones, o en comentarios de algunos políticos y funcionarios, cuando se habla del tema de la maternidad, se lo plantea como un problema a resolver, ligado al crecimiento demográfico y a la pobreza. En Misiones, la tasa de natalidad, es decir el número de nacimientos por año, es superior a la media nacional. Algunas miradas ven esto como un problema e incluso se alarman. Sobre todo porque las tasas de natalidad altas se ven en madres pobres. Los organismos internacionales permanentemente presionan para que el problema de la pobreza se solucione con una fuerte reducción de la natalidad. En esa línea proponenleyes que legalicen el aborto aludiendoque es el camino que siguen los países modernos. Les cuesta entender que la solución de la pobreza tiene que plantearse desde una mejor distribución de la riqueza, de la equidad y desde la justicia social, y no desde la eliminación de los niños por nacer. La avaricia va sometiéndonos a un sector del mundo que acumula y concentra riqueza y poder, y no se dispone a distribuir mejor desde la justicia y la equidad social

Considero oportuno recordar un texto de Aparecida sobre este tema: «Si esta opción [por los pobres] está implícita en la fe cristológica, los cristianos, como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: “Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”. Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 40).

De nuestra fe en Cristo, brota también la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio, que ha de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente en la defensa de la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos, y en el permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y transformación de su situación. El servicio de caridad de la Iglesia entre los pobres es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral». (393-394)

El egoísmo y la falta del sentido del bien común están en la raíz de nuestros males. En este domingo de adviento, la Palabra de Dios nos exhorta a que estemos prevenidos, porque el Señor vendrá a la hora menos pensada. Evidentemente nuestra sociedad necesita convertirse al bien común y a la justicia. La esperanza cristiana nos impulsa a sentirnos responsables para revertir el flagelo de la exclusión.

Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.

 Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (24 de noviembre de 2019).

Al finalizar el año litúrgico y empezar a prepararnos durante el adviento para celebrar el nacimiento del Señor, en la Navidad, quiero enviar a todas las comunidades de la Diócesis una especial felicitación y agradecimiento por el fervor en la fe demostrado en la peregrinación diocesana a Loreto.

El domingo 17 de noviembre pasado fue un momento fuerte, donde nos reunimos como pueblo de Dios. La alegría de nuestros jóvenes, de tantas familias en una peregrinación de miles de personas, a pie, en bicicletas, colectivos, autos y motos… Fue una verdadera expresión de la fe de nuestro pueblo. Agradezco a los medios de comunicación que hicieron presente Loreto en la Provincia. Quiero agradecer especialmente a los sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas, que acompañaron a las comunidades, en ellos encontramos verdaderos animadores de nuestra evangelización. Todo esto nos señala buenos augurios, para introducirnos en la cotidianidad de la evangelización del discipulado y la misión.

En Loreto manifestamos que queremos ser los evangelizadores de los próximos meses y años, con una fe encendida en el compromiso de una Iglesia que quiere amar y ponerlo a Jesucristo, Rey del Universo en el centro de nuestra historia en Misiones y en nuestra Patria. Que estamos dispuestos a avanzar en la conversión pastoral y renovación misionera de nuestros agentes pastorales y estructuras de nuestras comunidades. En Loreto quedó claro que aún en medio de las dificultades no bajaremos los brazos y estamos dispuestos en la Esperanza a evangelizar en este siglo XXI.

Con alegría, en este domingo agradecemos a Dios por la creación de una nueva parroquia para la diócesis: Loreto-Santa Ana. Se trata de un territorio con una rica y fecunda historia que a partir de ahora, junto a su párroco hará visible de manera más plena a la Iglesia, Pueblo de Dios, para acompañar mejor la nueva evangelización.

Subrayo que este domingo celebramos a «Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo», y desde el próximo domingo empezaremos a prepararnos para celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús y lo haremos durante varias semanas en el llamado tiempo de Adviento.

Esta celebración de «Cristo Rey» puede confundir a varios, asociando esta denominación con un mero poder temporal o bien la fastuosidad de algunos reyes contemporáneos. Tampoco en la época de Jesús entendían demasiado qué tipo de reinado tenía Jesús y cómo era su Reino. Porque «verdaderamente el reino de Jesús no es de este mundo (cf. Jn 18,36); pero justamente es aquí —nos dice el Apóstol Pablo en la segunda lectura—, donde encontramos la redención y el perdón (cf. Col 1,13-14). Porque la grandeza de su reino no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas» (Papa Francisco, Homilía 20.11.2016)

No es fácil captar el núcleo del cristianismo. La pequeñez, como camino a la grandeza del espíritu, el tener alma de pobre, para pertenecer al Reino, el morir para vivir en la condición de Hijos de Dios y acceder a la vida eterna. Esto exige la fe para comprenderlo y dicha comprensión se hace más difícil en un contexto muchas veces plagado de propuestas excesivamente materialistas y sin valores, donde la verdad se desdibuja por el individualismo y el relativismo, sin percibir que sin algunos valores como la vida, la solidaridad, la familia… será muy difícil generar un tiempo mejor. ¿Es posible tener esperanza y creer que podremos construir una cultura con valores? No dudamos en responder que sí, que es posible. La gracia de Dios obra en todos lados, donde quiere, y esto lo demuestra el testimonio de tantos hermanos y hermanas del pasado y del presente.

Nuestro tiempo necesita que los cristianos podamos tener simplicidad de corazón para comprender y anunciar este Reino de Jesús el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.

Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 29 durante el año
[20 de octubre de 2019]

En el inicio de esta carta quiero pedir especialmente en este día por todas las madres. Nuestra gente sencilla, el pueblo que no forma parte ni del poder mediático, ni de ideologías de género, ni de luchas feministas fundamentalistas, tiene una gran veneración por la maternidad. La maternidad alegra el corazón de la mujer y de las familias. La maternidad es un don, el don de la vida.
El texto del Evangelio de este domingo (Lc 18,1-8), nos presenta a Jesús enseñando con una parábola, que es necesario orar siempre sin desanimarse. Nos dice que si un hombre injusto es capaz de escuchar a quien insiste para no seguir siendo molestado, con cuanta más razón Dios escuchará a sus elegidos que claman a él día y noche.


Desde ya que debemos considerar de gran valor que nuestra gente tenga una fuerte búsqueda de espiritualidad aún en un medioambiente secularista. Pero es cierto que la religiosidad si no asume un camino de maduración en la fe, puede quedar anclada en meras devociones, acciones rituales vaciadas de compromisos con la vida y hasta el riesgo de generar desequilibrios afectivos y sicológicos. En este sentido en el documento del Episcopado argentino «Navega mar adentro» se hace referencia a los desvíos religiosos provocados por algunas sectas, pero también a posturas parecidas que pueden darse en nuestras comunidades y hasta en sacerdotes y predicadores que no ayudan a madurar la fe de nuestro pueblo. «El hambre de Dios que tiene nuestro pueblo se ve tentado por una oferta masiva de algunas sectas que presentan la religión como un mero artículo de consumo, y con acciones proselitistas ganan adeptos al proponer una fe individualista, carente de compromisos sociales, estables y solidarios, proclamando una mágica intervención de lo alto que hace prosperar y sana» (NMA 30).


Considero conveniente recordar que la fe para los cristianos está ligada al misterio de la Encarnación y de la Pascua. Es preocupante ver cómo hay cristianos que vinculan las enfermedades físicas al pecado y al demonio, acentuado por reuniones litúrgicas en donde Dios obra sanaciones y la salud. Es cierto que Dios puede obrar milagros, pero estos hechos son extraordinarios y tienen poco que ver con estos encuentros de sanación rituales y masivos. Muchas veces la superstición cultural también lleva a considerar posesiones del demonio y necesidad de exorcismos donde en realidad hay problemas de enfermedades físicas o sicológicas. Con esta actitud no se respeta la justa autonomía de las realidades naturales que nos señala el Concilio Vaticano II, en la constitución «Gaudium et Spes». La misma nos dice: «Si por autonomía de la realidad se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar poco a poco, es absolutamente legítima esta exigencia de autonomía. No es sólo que la reclamen imperiosamente los hombres de nuestro tiempo. Es que además responde a la voluntad del Creador. Pues, por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe» (GS 36).


Considero que debemos meditar seriamente este texto y enseñanza del Concilio, ya que en la acción evangelizadora de la Iglesia, no podemos asumir recursos efectistas o bien proselitistas para sumar gente. El anuncio evangelizador para que sea salvífico requerirá siempre no eludir la Pascua, o sea, el valor del sufrimiento y de la cruz para encaminarnos a la vida nueva de los hijos de Dios. En mi vida sacerdotal me ha tocado acompañar a muchos enfermos que estaban en estado de gracia y siguieron estando enfermos y nunca he dudado y ellos tampoco, que su sufrimiento tenía un sentido redentor. En todo caso siempre debe quedar claro que nuestra oración por los enfermos y la sanación espiritual que realizamos respetan la autonomía del orden natural y que los milagros que Dios puede obrar son hechos extraordinarios y poco tienen que ver con la fe de la Iglesia estas sanaciones mediáticas y masivas.
Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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El Papa Francisco habló sobre el sentimiento de orfandad y animó a los cristianos a no olvidar que Dios Padre envió al Espíritu Santo para sembrar paz y, no guerras, en este mundo.

“Solo con esta conciencia de los hijos que no son huérfanos se puede vivir en paz entre nosotros. Las guerras, siempre, ya sean pequeñas o grandes, siempre tienen una dimensión de orfandad: falta el Padre para hacer la paz”, destacó el Santo Padre en la Misa de este 17 de mayo.

En la homilía de la Eucaristía de este sexto Domingo de Pascua, el Pontífice reflexionó en el pasaje del Evangelio de San Juan (14,15-21) que describe las palabras de Jesús cuando dice a sus discípulos: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos; yo le rogaré al Padre y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes, el Espíritu de la verdad”.

En esta línea, el Santo Padre exhortó a vivir “la mansedumbre que da el Espíritu Santo” ya que el el Espíritu Santo “enseña esta mansedumbre, esta dulzura de los hijos del Padre. El Espíritu Santo no nos enseña a insultar”.

“Una de las consecuencias del sentido de orfandad es el insulto, las guerras, porque si no está el Padre no hay hermanos, se pierde la fraternidad” y el Papa añadió que Dios Padre "es el centro de todo, el origen de todo, la unidad de todos, la salvación de todos, porque envió a su Hijo para salvarnos a todos”.

Por ello, el Espíritu Santo colabora a vivir esa “actitud fraternal de mansedumbre, gentileza, paz”.
“Pidamos al Espíritu Santo que nos recuerde siempre, siempre, este acceso al Padre, que nos recuerde que tenemos un Padre, y a esta civilización que tiene un gran sentido de la orfandad, conceda la gracia de reencontrar al Padre, el Padre que da sentido a toda la vida y hace de los hombres, una familia”, concluyó el Santo Padre.

 

¿Qué es el espíritu del mundo del que habla Jesús (Jn 15,18-21)? Es un modo de vivir, una cultura de lo efímero que no conoce la fidelidad. Pidamos al Espíritu Santo la gracia de discernir qué es mundanidad y qué es Evangelio.

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A continuación, el Evangelio comentado por el Papa Francisco:

Juan 14:15-21
15 Si me amáis, guardaréis mis mandamientos;
16 y yo pediré al Padre y os dará otro Paráclito, para que esté con vosotros para siempre,
17 el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros.
18 No os dejaré huérfanos: volveré a vosotros.
19 Dentro de poco el mundo ya no me verá, pero vosotros si me veréis, porque yo vivo y también vosotros viviréis.
20 Aquel día comprenderéis que yo estoy en mi Padre y vosotros en mí y yo en vosotros.
21 El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él.»

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Al celebrar la Misa en el Domingo de Resurrección en la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco expresó su deseo y oración para que Jesús, “que ya venció la muerte abriéndonos el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso”.

“El Resucitado no es otro que el Crucificado. Lleva en su cuerpo glorioso las llagas indelebles, heridas que se convierten en lumbreras de esperanza. A Él dirigimos nuestra mirada para que sane las heridas de la humanidad desolada”, dijo.

El Santo Padre señaló que “hoy pienso sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus: los enfermos, los que han fallecido y las familias que lloran por la muerte de sus seres queridos, y que en algunos casos ni siquiera han podido darles el último adiós”.

 

También pidió que Cristo “conceda su consolación y las gracias necesarias a quienes se encuentran en condiciones de particular vulnerabilidad, como también a quienes trabajan en los centros de salud, o viven en los cuarteles y en las cárceles”.

“Para muchos es una Pascua de soledad, vivida en medio de los numerosos lutos y dificultades que está provocando la pandemia, desde los sufrimientos físicos hasta los problemas económicos”, lamentó.

El Papa señaló que la pandemia del coronavirus COVID-19 “no sólo nos está privando de los afectos, sino también de la posibilidad de recurrir en persona al consuelo que brota de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación”.

“En muchos países no ha sido posible acercarse a ellos, pero el Señor no nos dejó solos. Permaneciendo unidos en la oración, estamos seguros de que Él nos cubre con su mano, repitiéndonos con fuerza: No temas, ‘he resucitado y aún estoy contigo’”.

“Que Jesús, nuestra Pascua, conceda fortaleza y esperanza a los médicos y a los enfermeros, que en todas partes ofrecen un testimonio de cuidado y amor al prójimo hasta la extenuación de sus fuerzas y, no pocas veces, hasta el sacrificio de su propia salud”, expresó.

El Papa Francisco destacó además que “este no es el tiempo del egoísmo” y “no es tiempo de la división” ni el olvido, al tiempo que alentó a que se acaben las distintas guerras y conflictos en el mundo, y pidió que Cristo “permita alcanzar soluciones prácticas e inmediatas en Venezuela”.

Concluido su mensaje de Pascua, el Papa Francisco impartió a los fieles de todo el mundo su Bendición “Urbi et Orbi”.

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El Papa Francisco se dirigió a los fieles de la ciudad de Roma y del mundo con el mensaje pascual previo a la Bendición “Urbi et Orbi” que este Domingo de Pascua 12 de abril impartió desde el interior de la Basílica Vaticana.

En su mensaje, el Santo Padre señaló que “hoy pienso sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus: los enfermos, los que han fallecido y las familias que lloran por la muerte de sus seres queridos, y que en algunos casos ni siquiera han podido darles el último adiós”.

El Papa pidió que Cristo resucitado “ilumine a quienes tienen responsabilidades en los conflictos, para que tengan la valentía de adherir al llamamiento por un alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo. No es este el momento para seguir fabricando y vendiendo armas, gastando elevadas sumas de dinero que podrían usarse para cuidar personas y salvar vidas”.

A continuación, el Mensaje Pascual del Papa Francisco:

 
 Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz Pascua!

Hoy resuena en todo el mundo el anuncio de la Iglesia: “¡Jesucristo ha resucitado! ¡Verdaderamente ha resucitado!”.

Esta Buena Noticia se ha encendido como una llama nueva en la noche, en la noche de un mundo que enfrentaba ya desafíos cruciales y que ahora se encuentra abrumado por la pandemia, que somete a nuestra gran familia humana a una dura prueba. En esta noche resuena la voz de la Iglesia: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!» (Secuencia pascual).

Es otro “contagio”, que se transmite de corazón a corazón, porque todo corazón humano espera esta Buena Noticia. Es el contagio de la esperanza: «¡Resucitó de veras mi amor y mi esperanza!». No se trata de una fórmula mágica que hace desaparecer los problemas. No, no es eso la resurrección de Cristo, sino la victoria del amor sobre la raíz del mal, una victoria que no “pasa por encima” del sufrimiento y la muerte, sino que los traspasa, abriendo un camino en el abismo, transformando el mal en bien, signo distintivo del poder de Dios.

Hoy pienso sobre todo en los que han sido afectados directamente por el coronavirus: los enfermos, los que han fallecido y las familias que lloran por la muerte de sus seres queridos, y que en algunos casos ni siquiera han podido darles el último adiós. Que el Señor de la vida acoja consigo en su reino a los difuntos, y dé consuelo y esperanza a quienes aún están atravesando la prueba, especialmente a los ancianos y a las personas que están solas.

Que conceda su consolación y las gracias necesarias a quienes se encuentran en condiciones de particular vulnerabilidad, como también a quienes trabajan en los centros de salud, o viven en los cuarteles y en las cárceles. Para muchos es una Pascua de soledad, vivida en medio de los numerosos lutos y dificultades que está provocando la pandemia, desde los sufrimientos físicos hasta los problemas económicos.

Esta enfermedad no sólo nos está privando de los afectos, sino también de la posibilidad de recurrir en persona al consuelo que brota de los sacramentos, especialmente de la Eucaristía y la Reconciliación. En muchos países no ha sido posible acercarse a ellos, pero el Señor no nos dejó solos. Permaneciendo unidos en la oración, estamos seguros de que Él nos cubre con su mano (cf. Sal 138,5), repitiéndonos con fuerza: No temas, «he resucitado y aún estoy contigo» (Antífona de ingreso de la Misa del día de Pascua, Misal Romano).

Que Jesús, nuestra Pascua, conceda fortaleza y esperanza a los médicos y a los enfermeros, que en todas partes ofrecen un testimonio de cuidado y amor al prójimo hasta la extenuación de sus fuerzas y, no pocas veces, hasta el sacrificio de su propia salud. A ellos, como también a quienes trabajan asiduamente para garantizar los servicios esenciales necesarios para la convivencia civil, a las fuerzas del orden y a los militares, que en muchos países han contribuido a mitigar las dificultades y sufrimientos de la población, se dirige nuestro recuerdo afectuoso y nuestra gratitud.

En estas semanas, la vida de millones de personas cambió repentinamente. Para muchos, permanecer en casa ha sido una ocasión para reflexionar, para detener el frenético ritmo de vida, para estar con los seres queridos y disfrutar de su compañía. Pero también es para muchos un tiempo de preocupación por el futuro que se presenta incierto, por el trabajo que corre el riesgo de perderse y por las demás consecuencias que la crisis actual trae consigo.

Animo a quienes tienen responsabilidades políticas a trabajar activamente en favor del bien común de los ciudadanos, proporcionando los medios e instrumentos necesarios para permitir que todos puedan tener una vida digna y favorecer, cuando las circunstancias lo permitan, la reanudación de las habituales actividades cotidianas.

Este no es el tiempo de la indiferencia, porque el mundo entero está sufriendo y tiene que estar unido para afrontar la pandemia. Que Jesús resucitado conceda esperanza a todos los pobres, a quienes viven en las periferias, a los prófugos y a los que no tienen un hogar. Que estos hermanos y hermanas más débiles, que habitan en las ciudades y periferias de cada rincón del mundo, no se sientan solos.

Procuremos que no les falten los bienes de primera necesidad, más difíciles de conseguir ahora cuando muchos negocios están cerrados, como tampoco los medicamentos y, sobre todo, la posibilidad de una adecuada asistencia sanitaria.

Considerando las circunstancias, se relajen además las sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada, y se afronten —por parte de todos los Países— las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres.

Este no es el tiempo del egoísmo, porque el desafío que enfrentamos nos une a todos y no hace acepción de personas. Entre las numerosas zonas afectadas por el coronavirus, pienso especialmente en Europa. Después de la Segunda Guerra Mundial, este amado continente pudo resurgir gracias a un auténtico espíritu de solidaridad que le permitió superar las rivalidades del pasado.

Es muy urgente, sobre todo en las circunstancias actuales, que esas rivalidades no recobren fuerza, sino que todos se reconozcan parte de una única familia y se sostengan mutuamente. Hoy, la Unión Europea se encuentra frente a un desafío histórico, del que dependerá no sólo su futuro, sino el del mundo entero. Que no pierda la ocasión para demostrar, una vez más, la solidaridad, incluso recurriendo a soluciones innovadoras.

Es la única alternativa al egoísmo de los intereses particulares y a la tentación de volver al pasado, con el riesgo de poner a dura prueba la convivencia pacífica y el desarrollo de las próximas generaciones.

Este no es tiempo de la división. Que Cristo, nuestra paz, ilumine a quienes tienen responsabilidades en los conflictos, para que tengan la valentía de adherir al llamamiento por un alto el fuego global e inmediato en todos los rincones del mundo. No es este el momento para seguir fabricando y vendiendo armas, gastando elevadas sumas de dinero que podrían usarse para cuidar personas y salvar vidas.

Que sea en cambio el tiempo para poner fin a la larga guerra que ha ensangrentado a Siria, al conflicto en Yemen y a las tensiones en Irak, como también en el Líbano. Que este sea el tiempo en el que los israelíes y los palestinos reanuden el diálogo, y que encuentren una solución estable y duradera que les permita a ambos vivir en paz. Que acaben los sufrimientos de la población que vive en las regiones orientales de Ucrania. Que se terminen los ataques terroristas perpetrados contra tantas personas inocentes en varios países de África.

Este no es tiempo del olvido. Que la crisis que estamos afrontando no nos haga dejar de lado a tantas otras situaciones de emergencia que llevan consigo el sufrimiento de muchas personas. Que el Señor de la vida se muestre cercano a las poblaciones de Asia y África que están atravesando graves crisis humanitarias, como en la Región de Cabo Delgado, en el norte de Mozambique.

Que reconforte el corazón de tantas personas refugiadas y desplazadas a causa de guerras, sequías y carestías. Que proteja a los numerosos migrantes y refugiados —muchos de ellos son niños—, que viven en condiciones insoportables, especialmente en Libia y en la frontera entre Grecia y Turquía. No quiero olvidar la isla de Lesbos. Que permita alcanzar soluciones prácticas e inmediatas en Venezuela, orientadas a facilitar la ayuda internacional a la población que sufre a causa de la grave coyuntura política, socioeconómica y sanitaria.

Queridos hermanos y hermanas:

Las palabras que realmente queremos escuchar en este tiempo no son indiferencia, egoísmo, división y olvido. ¡Queremos suprimirlas para siempre! Esas palabras pareciera que prevalecen cuando en nosotros triunfa el miedo y la muerte; es decir, cuando no dejamos que sea el Señor Jesús quien triunfe en nuestro corazón y en nuestra vida. Que Él, que ya venció la muerte abriéndonos el camino de la salvación eterna, disipe las tinieblas de nuestra pobre humanidad y nos introduzca en su día glorioso que no conoce ocaso.

Con estas reflexiones, quisiera desearos a todos una feliz Pascua.

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Al concluir el Vía Crucis en la Plaza y la Basílica de San Pedro en el Vaticano sin presencia de fieles, el Papa Francisco rezó en silencio durante unos minutos tras haber impartido la bendición final.

Este año, a causa del COVID19, el Vía Crucis no se realizó en el Coliseo Romano, donde se realiza habitualmente con la participación de miles de fieles.

Las meditaciones del Vía Crucis de este año estuvieron a cargo de diversas personas vinculadas al centro de reclusión Due Palazzi de Padua (Italia).

El Vía Crucis se realizó con dos grupos de personas: uno de la casa de reclusión Due Palazzi y otro de la Dirección de Sanidad e Higiene del Vaticano, algunos de ellos portando antorchas durante el recorrido.

El Vía Crucis se inició alrededor del obelisco que está en el centro de la plaza, donde se hicieron las primeras 9 estaciones. La décima y la undécima se realizaron a medio camino entre el obelisco y el atrio de la Basílica.

La estación 12, la muerte de Jesús, se hizo ante el Cristo de San Marcelo, la imagen milagrosa que ayudó a vencer la peste hace algunos siglos y ante el cual el Santo Padre rezó por el fin de la pandemia del coronavirus el 27 de marzo.

La décimo tercera estación se hizo a pocos pasos del lugar donde estaba el Papa, mientras que para la estación 14 fue el mismo Santo Padre quien sostuvo la cruz durante toda la meditación.

Las meditaciones las puede encontrar AQUÍ.

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Este 10 de abril, Viernes Santo, el Papa Francisco presidió la celebración de la Pasión del Señor en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, que en esta ocasión estuvo vacía a causa de la pandemia del coronavirus.

El Papa solo estuvo acompañado del maestro de celebraciones pontificias, Mons. Guido Marini, los acólitos, un reducido coro y algunos funcionarios del Vaticano.

En la Basílica desprovista de ornamentos e iluminada tenuemente en consonancia con la sobriedad de la ceremonia en la que no se celebró la Eucaristía, el Santo Padre, vestido de púrpura en recuerdo de la sangre de Cristo derramada en la Cruz, se postró en el suelo delante del altar para orar durante unos minutos.

Tras los minutos de oración silenciosa, el Pontífice se puso de nuevo de pie para la liturgia de la Palabra en la que se leyó un pasaje del libro de Isaías (52,13 - 53,12), se recitó el salmo 31, se leyó la Carta a los hebreos 4:14-16, y 5: 7-9; y el Evangelio de San Juan que relata la Pasión de Cristo.

 

 
 

En la oración universal de los fieles, el Papa elevó una especial petición por los enfermos de coronavirus: “Dios omnipotente y eterno, singular protector de la enfermedad humana, mira compasivo la aflicción de tus hijos que padecen esta epidemia; alivia el dolor de los enfermos, da fuerza a quienes los cuidan, acoge en tu paz a los que han muerto y, por todo el tiempo que dura esta tribulación, haz que todos puedan encontrar alivio en tu misericordia. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén”.

Después se realizó la adoración de la cruz, aclamada tres veces en latín con las palabras “Mirad el árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la salvación del mundo. ¡Venid a adorarlo!”.

En esta ocasión, la adoración se realizó con el crucifijo milagroso de San Marcelo, que ayudó a vencer la peste hace varios siglos y ante el cual el Papa rezó el viernes 27 de marzo por el fin de la pandemia.

Al igual que otros años, el predicador de la Casa Pontificia, P. Rainiero Cantalamessa, pronunció la homilía. Esta vez su prédica llevó por título “Tengo proyectos de paz, no de aflicción”.

A continuación el texto completo de su reflexión:

Tengo proyectos de paz, no de aflicción

Lo que acabamos de escuchar es el relato del mal objetivamente más grande jamás cometido en la tierra. Podemos mirarlo desde dos perspectivas diferentes: o de frente o por detrás, es decir, o por sus causas o por sus efectos.

Si nos detenemos en las causas históricas de la muerte de Cristo nos confundimos y cada uno estará tentado de decir como Pilato: «Yo soy inocente de la sangre de este hombre» (Mt 27,24). La cruz se comprende mejor por sus efectos que por sus causas. Y ¿cuáles han sido los efectos de la muerte de Cristo? ¡Justificados por la fe en Él, reconciliados y en paz con Dios, llenos de la esperanza de una vida eterna! (cf. Rom 5, 1-5).

Pero hay un efecto que la situación en acto nos ayuda a captar en particular. La cruz de Cristo ha cambiado el sentido del dolor y del sufrimiento humano. De todo sufrimiento, físico y moral. Ya no es un castigo, una maldición. Ha sido redimida en raíz desde que el Hijo de Dios la ha tomado sobre sí.

¿Cuál es la prueba más segura de que la bebida que alguien te ofrece no está envenenada? Es si él bebe delante de ti de la misma copa. Así lo ha hecho Dios: en la cruz ha bebido, delante del mundo, el cáliz del dolor hasta las heces. Así ha mostrado que éste no está envenenado, sino que hay una perla en el fondo de él.

Y no solo el dolor de quien tiene la fe, sino de todo dolor humano. Él murió por todos. «Cuando yo sea levantado sobre la tierra —había dicho—, atraeré a todos a mí» (Jn 12,32). ¡Todos, no sólo algunos! «Sufrir —escribía san Juan Pablo II desde su cama de hospital después del atentado— significa hacerse particularmente receptivos, especialmente abiertos a la acción de las fuerzas salvíficas de Dios ofrecidas a la humanidad en Cristo» .

Gracias a la cruz de Cristo, el sufrimiento se ha convertido también, a su manera, en una especie de «sacramento universal de salvación» para el género humano

¿Cuál es la luz que todo esto arroja sobre la situación dramática que está viviendo la humanidad? También aquí, más que a las causas, debemos mirar a los efectos. No sólo los negativos, cuyo triste parte escuchamos cada día, sino también los positivos que sólo una observación más atenta nos ayuda a captar.

La pandemia del Coronavirus nos ha despertado bruscamente del peligro mayor que siempre han corrido los individuos y la humanidad: el del delirio de omnipotencia. Tenemos la ocasión —ha escrito un conocido Rabino judío— de celebrar este año un especial éxodo pascual, salir «del exilio de la conciencia».

Ha bastado el más pequeño e informe elemento de la naturaleza, un virus, para recordarnos que somos mortales, que la potencia militar y la tecnología no bastan para salvarnos. «El hombre en la prosperidad no comprende —dice un salmo de la Biblia—, es como los animales que perecen» (Sal 49,21). ¡Qué verdad es!

Mientras pintaba al fresco la catedral de San Pablo en Londres, el pintor James Thornhill, en un cierto momento, se sobrecogió con tanto entusiasmo por su fresco que, retrocediendo para verlo mejor, no se daba cuenta de que se iba a precipitar al vacío desde los andamios. Un asistente, horrorizado, comprendió que un grito de llamada sólo habría acelerado el desastre. Sin pensarlo dos veces, mojó un pincel en el color y lo arrojó en medio del fresco. El maestro, estupefacto, dio un salto hacia adelante. Su obra estaba comprometida, pero él estaba a salvo.

Así actúa a veces Dios con nosotros: trastorna nuestros proyectos y nuestra tranquilidad, para salvarnos del abismo que no vemos. Pero atentos a no engañarnos. No es Dios quien ha arrojado el pincel sobre el fresco de nuestra orgullosa civilización tecnológica. ¡Dios es aliado nuestro, no del virus!

«Tengo proyectos de paz, no de aflicción», nos dice él mismo en la Biblia (Jer 29,11). Si estos flagelos fueran castigos de Dios, no se explicaría por qué se abaten igual sobre buenos y malos, y por qué los pobres son los que más sufren sus consecuencias. ¿Son ellos más pecadores que otros?

¡No! El que lloró un día por la muerte de Lázaro llora hoy por el flagelo que ha caído sobre la humanidad. Sí, Dios "sufre", como cada padre y cada madre. Cuando nos enteremos un día, nos avergonzaremos de todas las acusaciones que hicimos contra él en la vida. Dios participa en nuestro dolor para vencerlo. «Dios —escribe san Agustín—, siendo supremamente bueno, no permitiría jamás que cualquier mal existiera en sus obras, si no fuera lo suficientemente poderoso y bueno, para sacar del mal mismo el bien».

¿Acaso Dios Padre ha querido la muerte de su Hijo, para sacar un bien de ella? No, simplemente ha permitido que la libertad humana siguiera su curso, haciendo, sin embargo, que sirviera a su plan, no al de los hombres. Esto vale también para los males naturales como los terremotos y las pestes. Él no los suscita.

Él ha dado también de la naturaleza una especie de libertad, cualitativamente diferente, sin duda, de la libertad moral del hombre, pero siempre una forma de libertad. Libertad de evolucionar según sus leyes de desarrollo. No ha creado el mundo como un reloj programado con antelación en cualquier mínimo movimiento suyo. Es lo que algunos llaman la casualidad, y que la Biblia, en cambio, llama «sabiduría de Dios».

* * *

El otro fruto positivo de la presente crisis sanitaria es el sentimiento de solidaridad. ¿Cuándo, en la memoria humana, los pueblos de todas las naciones se sintieron tan unidos, tan iguales, tan poco litigiosos, como en este momento de dolor? Nunca como ahora hemos percibido la verdad del grito de un nuestro poeta: «¡Hombres, paz! Sobre la tierra postrada demasiado es el misterio».

Nos hemos olvidado de los muros a construir. El virus no conoce fronteras. En un instante ha derribado todas las barreras y las distinciones: de raza, de religión, de censo, de poder. No debemos volver atrás cuando este momento haya pasado.

Como nos ha exhortado el Santo Padre no debemos desaprovechar esta ocasión. No hagamos que tanto dolor, tantos muertos, tanto compromiso heroico por parte de los agentes sanitarios haya sido en vano. Esta es la «recesión» que más debemos temer.

De las espadas forjarán arados,
de las lanzas, podaderas.
No alzará la espada pueblo contra pueblo,
no se adiestrarán para la guerra (Is 2,4).

Es el momento de realizar algo de esta profecía de Isaías cuyo cumplimiento espera desde siempre la humanidad. Digamos basta a la trágica carrera de armamentos. Gritadlo con todas vuestras fuerzas, jóvenes, porque es sobre todo vuestro destino lo que está en juego.

Destinemos los ilimitados recursos empleados para las armas para los fines cuya necesidad y urgencia vemos en estas situaciones: la salud, la higiene, la alimentación, la lucha contra la pobreza, el cuidado de lo creado. Dejemos a la generación que venga un mundo más pobre de cosas y de dinero, si es necesario, pero más rico en humanidad.

* * *

La Palabra de Dios nos dice qué es lo primero que debemos hacer en momentos como estos: gritar a Dios. Es él mismo quien pone en labios de los hombres las palabras que hay que gritarle, a veces incluso palabras duras, de llanto y casi de acusación. «¡Levántate, Señor, ven en nuestra ayuda! ¡Sálvanos por tu misericordia! […] ¡Despierta, no nos rechaces para siempre!» (Sal 44,24.27). «Señor, ¿no te importa que perezcamos?» (Mc 4,38).

¿Acaso a Dios le gusta que se le rece para conceder sus beneficios? ¿Acaso nuestra oración puede hacer cambiar sus planes a Dios? No, pero hay cosas que Dios ha decidido concedernos como fruto conjunto de su gracia y de nuestra oración, casi para compartir con sus criaturas el mérito del beneficio recibido [6] . Es él quien nos impulsa a hacerlo: «Pedid y recibiréis, ha dicho Jesús, llamad y se os abrirá» (Mt 7,7).

Cuando, en el desierto, los judíos eran mordidos por serpientes venenosas, Dios ordenó a Moisés que levantara en un estandarte una serpiente de bronce, y quien lo miraba no moría. Jesús se ha apropiado de este símbolo.

«Como Moisés levantó la serpiente en el desierto —le dijo a Nicodemo— así es preciso que sea levantado el Hijo del hombre, para que todo aquel que cree en él tenga vida eterna» (Jn 3,14-15). También nosotros, en este momento, somos mordidos por una «serpiente» venenosa invisible. Miremos a Aquel que fue «levantado» por nosotros en la cruz. Adorémoslo por nosotros y por todo el género humano. Quien lo mira con fe no muere. Y si muere, será para entrar en la vida eterna.

"Después de tres días resucitaré", predijo Jesús (cf. Mt 9, 31). Nosotros también, después de estos días que esperamos sean cortos, nos levantaremos y saldremos de las tumbas de nuestros hogares. No para volver a la vida anterior como Lázaro, sino a una vida nueva, como Jesús. Una vida más fraterna, más humana. !Más cristiana!

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El Papa Francisco escribió a los fieles de la parroquia del Centro de Reclusión “Due Palazzi” de Padua, Italia, que se han encargado este año de redactar los textos de las meditaciones y oraciones propuestas para las estaciones del Via Crucis del Viernes Santo presidido por el mismo Pontífice.

Debido a la crisis sanitaria causada por el coronavirus COVID 19, este año el Vía Crucis no se celebrará en el Coliseo, como es tradicional, sino en la misma Basílica de San Pedro del Vaticano.

En su mensaje, el Santo Padre afirma que, al leer las meditaciones, “me he instalado en los pliegues de vuestras palabras y me he sentido bienvenido, en casa. Gracias por haber compartido conmigo un trozo de vuestras historias”.

“Dios habla de sí mismo y nos habla dentro de una historia, nos invita a una escucha atenta y misericordiosa”, explicó el Papa.

También agradeció a los autores de las meditaciones “porque han esparcido vuestros nombres no en el mar del anonimato, sino de las muchas personas vinculadas al mundo de la prisión. Así, en el Vía Crucis prestarán sus historias a todos aquellos en el mundo que compartan la misma situación”.

El Pontífice concluyó señalando que “es consolador leer una historia habitada por las historias no solo de las personas detenidas, sino de todos aquellos que se apasionan por el mundo de la prisión. Juntos, es posible. Juntos”.

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26 Mayo 2020

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Para la Inscripción, se requiere:  

  • Tener 9 Años o estar cursando el 4to grado
  • Presentarse los padres para la Inscripción en Sede parroquial- En el caso de haber realizado la pre-inscripción llevar la documentación y corroborar los datos.
  • Traer Folio, una Fotocopia de DNI y Constancia de Bautismo (en lo posible)

Inscripciones:   Los días Sábados  10 y 17 de marzo, de 08:30 a 10:00  Horas

                          (San Marcos 3865 – Villa Urquiza)

17 de Marzo :  08:30 Horas Misa de Inicio de Catequesis (para todos los grupos)

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Organismos pastorales, asociaciones y movimientos eclesiales de Argentina presentaron el programa de actividades virtuales que realizarán en el marco de la Semana Laudato si', del 16 al 24 de mayo, para reflexionar sobre el contenido del documento papal, concientizar sobre la misión en el cuidado de la casa común y generar acciones concretas.

“Del 16 al 24 de mayo, los católicos del mundo, en comunión con el papa Francisco nos uniremos solidariamente por un futuro más justo, fraterno y sostenible sumándonos al pedido de Francisco para que ‘cuidemos la creación, don de nuestro buen Dios Creador’”, subrayaron.

Prepararon las iniciativas el Departamento de Laicos de la Conferencia Episcopal Argentina (Deplai CEA), la Pastoral de Juventud de la CEA, la Comisión Nacional de Justicia y Paz (CEA), Renova +, la Acción Católica Argentina, el Movimiento de Focolares, la Comisión Pastoral Scout Católica, los Jóvenes Agustinos Recoletos, la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), el Movimiento Círculo de Juventud y Meraki, entre otros.

El programa de actividades virtuales

Sábado 16 - Apertura

A las 19 - Videoconferencia “Laudato si’: Luz y esperanza para el mundo”. Comisión Nacional de Justicia y Paz y Comisión Episcopal de Pastoral Social. Instagram/Facebook Laudato Si’ Argentina.

A las 20 - Diálogo Joven Laudato si’. P. Jorge Reinaudo, P. Mauro Schwerdt y jóvenes de Pastoral de Juventud, del Movimiento Círculos de Juventud y de la Acción Católica Argentina. Vivo Instagram/Facebook Laudato Si’ Argentina.

Domingo 17
A lals 7 - Ángelus con el Papa Francisco. Instagram/Facebook Laudato Si’ Argentina.

A las 19 - Música y Arte en clave Laudato si’. Grupo Filocalia, Francisco Flores y Christian Camargo. Instagram/Facebook Laudato Si‘ Argentina.

Lunes 18
A las 9 - Evento global: Laudato si' - 5º Aniversario: Tan profética y relevante como siempre. Webinar: http://n9.cl/6pdx

A las 18 - Mesa Laudato Si’ Argentina. Conversatorio por Zoom (*)

A las 19 - Acercándonos a la Carta Encíclica Laudato si’ Diálogo entre el P. Luis Zazano y Diego Solano (Ronvoa+). Vivo Instagram Laudos Si’ Argentina.

Martes 19
A las 10 - Evento global: “Eco espiritualidad: profundizando nuestra comunión con la creación”. Webinar: http://n9.cl/6pdx

A las 17 - Laudato si’ en clave para jóvenes. Mons. Oscar Minarro, obispo auxiliar de Merlo-Moreno y asesor de la Comisión Nacional de Pastoral Juventud. Por Zoom (*).

A las 19 - Laudato si’ para empresarios y/o emprendedores. ACDE – Asociación Cristiana de Empresas. Por Zoom (*)

Miércoles 20
A las 9 Acción Católica Argentina celebra Laudato si’ junto a las AC del mundo. Transmisión por Zoom (*) e Instagram del FIAC.

A las 10 - Evento global: “Sustentabilidad: tiempo para que la iglesia lidere con el ejemplo”. Webinar: http://n9.cl/6pdx

A las 12 - Evento global: “Aprenda cómo avanzar en políticas que protejan a los más vulnerables entre nosotros, siendo esto parte integrante de nuestra fe”. Webinar: http://n9.cl/6pdx

A las 21 - Cine Debate, animado por el Movimiento de Focolares. Coordinan Herrero y Francisco Buttazzoni. Por Zoom (*).

Jueves 21
A las 19.30 - Laudato si’ en tiempo de pandemia. Lorena Echaugue, Humberto Poeeti, Pablo Canziani, P. Lucio Floria. Comisión Nacional de Justicia y Paz. Por Zoom (*).

Viernes 22
A las 10 - Evento global: “Acción Social. Aprenda a construir comunidades de atención que protejan a los más vulnerables”. Webinar: http://n9.cl/6pdx

A las 17 - Cultura en Laudato si' Mons. Angel Macín, obispo de Reconquista y presidente de la Comisión de Pastoral Aborigen del Episcopado Argentino. Por Zoom (*).

Sábado 23
A las 20 - Musical Filocalia canta a nuestra Casa Común. Vivo Instagram Laudato Si’ Argentina.

Domindo 24
A las 7 Ángelus con el papa Francisco. Instagram/Facebook Laudato Si’ Argentina.

A las 12 - Cierre: Video musical Filocalia Vivo Instagram/Facebook Laudato Si’ Argentina.

* La participación por Zoom debe solicitarse por mensaje privado en las redes de Laudato Si’ Argentina y estará sujeto a la disponibilidad de cupos. El evento quedará luego registrado y publicado en las redes.

Los canales para seguir la transmisión por redes sociales son: Facebook ,
Youtube, e Instagram.+

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Noticias de AICA

AICA

26 Mayo 2020

  • Mons. Stanovnik: “Sigamos cuidándonos y cuidando de los otros”
    El arzobispo de Corrientes, monseñor Andrés Stanovnik OFMCap, presidió el tedeum por el 25 de Mayo ante autoridades provinciales, en el que animó a seguir “cuidándonos y cuidando de los otros” en la actual pandemia y subrayó: "Queremos agradecer a Dios por la Patria, porque sentimos que Él --en este momento complejo-- no nos abandona".
  • Mons. Scheinig pidió para los argentinos “la salud de la confianza, de la esperanza y del servicio”
    El arzobispo de Mercedes- Luján, monseñor Jorge Eduardo Scheinig presidió el lunes 25 de mayo, el tradicional tedeum en la catedral basílica Nuestra Señora de las Mercedes. En esta oportunidad, la celebración se desarrolló a puertas cerradas y fue ocasión para compartir con la comunidad un mensaje del equipo arquidiocesano de Pastoral Social.
  • Mons. Colombo afirmó en el tedeum: “Renovamos nuestro compromiso cívico”
    “Queremos renovar, en este particular contexto que afrontamos, nuestro compromiso cívico de trabajar por el bien común”, expresó el arzobispo de Mendoza, monseñor Marcelo Daniel Colombo, al celebrar en la catedral Nuestra Señora de Loreto el tedeum por el 25 de Mayo, en un nuevo aniversario del Primer Gobierno Patrio.

PRÓXIMOS EVENTOS