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Requisitos: 
Tener sacramentos de iniciación cristiana
Concurrir a clases los segundos domingos del mes
Dos faltas como máximo
Avisar a sus párrocos que están cursando, para que los liberen de actividades, el día de clases
Colaboración mensual $200, incluye materiales de estudio
Iniciamos el 8 de Marzo, entrada a las 8:30 hs/  compartimos almuerzo a la canasta/ luego clases/ oración/ salida 16 hs aprox.
Los interesados podrán inscribirse en Secretaría parroquial los días jueves y viernes de 17 a 19 hs. y sábados de 9 a 11 hs.
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Haz sonreír a la Virgen!! Únete al mundo en oración por la Paz, la Vida, la Familia y los Sacerdotes.
Te esperamos el jueves 20 de febrero a partir de las 18 hs. en la Capilla "Virgen del Rosario de San Nicolás"
Calle 100A casi Rademacher - Barrio Belgrano

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Inscripciones Abiertas
"Escuela de Pastoral San Francisco de Asís"
Las clases se dictan los segundos domingos de cada mes en nuestra parroquia Av. Cabred y Calle San Marcos
☑️ Inician el 08 de marzo
? 376-4674523 Diácono Aurelio

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“Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria”, dijo una vez San Quodvultdeus al exhortar a los fieles sobre los Santos Inocentes, los niños que murieron por Cristo y cuya fiesta se celebra el 28 de diciembre.

De acuerdo al relato de San Mateo, el rey Herodes mandó a matar en Belén y sus alrededores a los niños menores de dos años, al verse burlado por los Reyes Magos, quienes regresaron a sus países por otra ruta para no revelarle dónde estaba el Mesías.

En el siglo IV se instituyó esta fiesta para venerar a estos niños que murieron como mártires. La tradición oriental los recuerda el 29 de diciembre, mientras que la latina, el 28.

Posteriormente, San Quodvultdeus, Padre de la Iglesia del Siglo V y Obispo de Cartago (norte de África), dio un sermón sobre este lamentable hecho.

“¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido para expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te ensañas, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños”, expresó.

Más adelante el Santo le señala al rey asesino: “Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Crees que, si consigues tu propósito, podrás vivir mucho tiempo, cuando precisamente quieres matar a la misma Vida”.

“Los niños, sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires que mueren. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar”, enfatizó San Quodvultdeus.

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Hoy celebramos el cuarto domingo de Adviento y la Iglesia invita a mirar a María, la “Virgen del Adviento”, quien desde aquel “Sí” al ángel, por nueve meses preparó humildemente su casa y su corazón para tener en sus brazos al Salvador. Ella es quien abre las puertas de la Navidad. 

En espera de su hijo, María sale al encuentro de su prima Isabel y aún gestando acude en su ayuda.

Evangelio: Lucas 1,45-56

46 Y dijo María: «Engrandece mi alma al Señor
47 y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador
48 porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada,
49 porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, Santo es su nombre
50 y su misericordia alcanza de generación en generación a los que le temen.
51 Desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los que son soberbios en su propio corazón.
52 Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.
53 A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada.
54 Acogió a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia
55 - como había anunciado a nuestros padres - en favor de Abraham y de su linaje por los siglos.»
56 María permanceció con ella unos tres meses, y se volvió a su casa.

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Este cuarto domingo de Adviento se enciende la última vela de la Corona de Adviento como símbolo de que el Señor está cerca y viene a traernos la alegría de la paz. Aquí la liturgia para orar junto con María, quien es “Morada de la Luz”.

Se recomienda poner en un lugar especial la corona de Adviento con alguna imagen de la Virgen, crear un ambiente de recogimiento con poca luz, nombrar a un lector especial, así como a un monitor principal, que puede ser el papá o la mamá. Para iniciar la oración, las tres primeras velas deben estar encendidas.

TODOS: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

MONITOR: Alegrémonos porque el Señor está cerca de nosotros y viene a traernos la reconciliación. Encenderemos la cuarta y última vela de nuestra corona. Que este símbolo nos recuerde la proximidad de la venida del Señor Jesús, que viene a traernos alegría y esperanza. Iniciemos la oración de esta semana cantando MORADA DE LA LUZ (u otro canto apropiado).

CELEBREMOS UNIDOS A LA VIRGEN MARÍA,

PORQUE ESTÁBAMOS CIEGOS Y NOS DIO A LUZ EL DÍA,

PORQUE ESTÁBAMOS TRISTES Y NOS DIO LA ALEGRÍA.

1. Mujer tan silenciosa y encumbrada, ahora más que el sol, recibes en tu vientre al mismo Dios, al que es tu Creador.

2. Lo que Eva en una tarde misteriosa buscando nos perdió, Tú, Madre, lo devuelves florecido en fruto salvador.

3. Tú que eres bella puerta del Rey sumo, Morada de la Luz, la puerta nos abriste de los cielos al darnos a Jesús.

LECTOR: Lectura tomada del Evangelio según San Lucas 1, 39-49:

En aquellos días, María partió y fue sin demora a un pueblo de la montaña de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludó a Isabel. Apenas esta oyó el saludo de María, el niño saltó de alegría en su seno, e Isabel, llena del Espíritu Santo, exclamó: «¡Tú eres bendita entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme? Apenas oí tu saludo, el niño saltó de alegría en mi seno. Feliz de ti por haber creído que se cumplirá lo que te fue anunciado de parte del Señor».

María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque el miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!»

MONITOR: La presencia del Señor Jesús entre nosotros nos llena de gozo y alegría. Es la Madre quien nos lo hace cercano, quien permite que esa Luz llegue a nosotros e ilumine nuestra vida. En compañía de Santa María encendamos la última vela de nuestra corona de Adviento mientras cantamos.

(Una persona enciende la cuarta vela mientras se entona el canto que se propone a continuación o uno apropiado).

HOY SE ENCIENDE UNA LLAMA (u otro canto apropiado)

Hoy se enciende una llama
en la corona de Adviento
que arda nuestra esperanza
en el corazón despierto
y al calor de la Madre
caminemos este tiempo.
Un primer lucero se enciende
anunciando al Rey que viene
preparad corazones
allánense los senderos.
CORO
Crecen nuestros anhelos al ver
la segunda llama nacer
como dulce rocío vendrá
el Mesías hecho Niño.
CORO
Nuestro gozo hoy quiere cantar
por ver tres luceros brillar
con María esperamos al Niño
con alegría.
CORO
Huyen las tinieblas al ver
cuatro llamas resplandecer
ya la gloria está cerca
levanten los corazones.
CORO

(Se pueden hacer alguna peticiones acudiendo a la intercesión de la Virgen María y respondiendo después de cada petición: POR INTERCESIÓN DE TU MADRE, ESCÚCHANOS SEÑOR.)

MONITOR: Oremos.

Padre misericordioso, que quisiste que tu Hijo se encarnara en el seno de Santa María Virgen, escucha nuestra súplicas y concédenos tu gracia para que sepamos acoger al Señor Jesús, tu Hijo, que contigo vive y reina en unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

TODOS: Amén.

TODOS: En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

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En la noche del viernes 6 de diciembre, Monseñor Juan Rubén Martínez ordenó tres nuevos sacerdotes en la Iglesia Catedral San José de Posadas, ellos son los presbíteros Francisco Javier Alegre, Víctor Abelardo Benítez y Leandro Germán Kuchak.
En una hermosa celebración eucarística, acompañada por todos los sacerdotes de Posadas y algunos también de la diócesis de Oberá, estuvieron presentes algunos diáconos y toda la comunidad del pueblo de Dios. Allí el obispo posadeño invitó a los nuevos sacerdotes a ser puentes entre Dios y la comunidad.


Para la celebración eucarística, también llegaron los familiares de los nuevos sacerdotes, desde distintos lugares del país y desde otros países. Durante la homilía, el prelado diocesano se mostró muy emocionado y destacó el gozo que significan estas ordenaciones ya que es un hecho inédito para este momento que siempre desde diferentes lugares se busca alejar a los jóvenes de Dios. “Agradezco a Dios por esta bendición, porque sus familias dijeron que sí y los acompañaron en esta decisión. A partir de este momento, ustedes se transforman en puente de Dios con los hombres y son para el pueblo de Dios.
“Estas ordenaciones porque son muy significativas para la misión evangelizadora de la Iglesia, porque todos sabemos la gran necesidad de sacerdotes que hay siempre. Nos gusta decir que “la mies es mucha y los operarios no son tantos”. Por eso queremos decir Gracias a Dios porque va proveyendo, pedimos por más, pero Dios va proveyendo y por eso queremos tener un corazón agradecido”, dijo Monseñor Juan Rubén Martínez
Monseñor, también recordó que cada uno de nosotros está llamado por Dios a diferentes vocaciones y a estos tres jóvenes los llamó a servirlo desde el sacerdocio, a ser puentes entre Él y su pueblo. Ellos han experimentado esta vocación, este llamado y le dijeron que Sí al Señor. Este sacramento que es de segundo grado de la Iglesia se imprime, lo haciendo imponiendo carácter y la Gracia del padre, en el corazón de estos jóvenes para siempre.
El obispo en cada ordenación sacerdotal, recuerda con una pequeña catequesis el significado de la vocación del sacerdocio, en esta oportunidad explicó que es un “llamado a ser puentes” y está anclado profundamente en el llamado que hace Dios y en la respuesta de estos jóvenes. Este puente está anclado una parte en Dios y la otra en el pueblo, es por eso que son “puentes de Dios para el pueblo de Dios” y esto es bueno tenerlo profundamente comprendido.
Para finalizar, Monseñor, les recordó a los nuevos sacerdotes que están llamados a “dar la vida”, que no es otra cosa que amar y tener los mismos sentimientos que Cristo Jesús, tener un corazón compasivo, cercano, salir al encuentro de todos y contarles que Dios los ama, no por ser perfectos, sino por ser sus hijos. Debemos ser humildes y compasivos para llevar amor a donde reina la soberbia y la maldad y así poder ser verdaderos puentes entre Dios y su pueblo. Siempre es bueno que recordemos que por más de que el tiempo pase rápido, y tengan muchas cosas o tareas para hacer, lo que no pasa nunca es el amor de Dios derramado en las comunidades. La vida pasa rápido pero el servicio y el amor no lo hace.
Luego de la celebración eucarística los nuevos sacerdotes hicieron la bendición y saludaron a sus familiares y amigos, en un excelente clima de fiesta. Y luego de eso compartieron un brindis en las instalaciones del colegio Santa María.

Fuente Pastoral de Comunicacón

 

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Este domingo 8 de diciembre fue una verdadera fiesta en la localidad de Concepción de la Sierra, donde junto a la reliquia del Corazón de San Roque González de Santa Cruz se celebraron los 400 años de la fundación de la localidad.

El obispo de la Diócesis de Posadas, Monseñor Juan Rubén Martínez,  presidió la misa de acción de gracias por este aniversario y por la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Fue una ceremonia eucarística muy emocionante, marcada por la historia y la identidad de la localidad, en un maravilloso día de sol. Fue un momento propicio para agradecer el enorme gozo de tener presente el Corazón de San Roque González. También, pidió a María que nos enseñe a decir que Si al Señor.

Con la premisa de tener el corazón puesto en el corazón del otro, para entender su dolor y acompañarlo, el corazón de San Roque, quién sin lugar a dudas enseñó entre las primeras comunidades, ingresó a la Plaza Central del Pueblo recibido con palmas por la comunidad y en un clima de oración propicio para el momento. Cabe destacar que la reliquia fue trasladada desde la ciudad de Asunción, ingresó al país acompañado de Gendarmería Nacional, y en una caravana custodiada por la policía y también especialmente acompañado por el intendente de la localidad Carlos Pernigoti. Una vez en la localidad fue trasladado en procesión por las calles y fue llevado en todo momento por el obispo diocesano, acompañado de los seminaristas del Seminario Diocesano Santo Cura de Ars y sacerdotes de la Diócesis y de Paraguay. Al llegar al lugar donde iba a ser depositado y antes de colocarlo ahí, el Obispo levantó el corazón para mostrárselo al pueblo.

Durante su homilía, en un maravilloso clima de fiesta, Monseñor Juan Rubén  Martínez, agradeció el enorme gozo que significó para la comunidad y para toda la Iglesia contar con la presencia del Corazón de San Roque, “porque su corazón nos invita a evangelizar de la misma manera que él, poniendo enteramente el corazón”. El obispo recordó que cada cristiano está llamado a evangelizar y dar una respuesta de manera concreta, porque el Evangelio se debe vivir, no solamente predicar y eso nos enseñó San Roque, que amó tanto lo hacía  que incluso dio su propia vida por ello. “Tenemos que aprender a evangelizar como lo hizo María, poniendo el corazón pero sobre todo siendo mansos y humildes, sabiendo que lo que hacemos lo hacemos porque Dios así lo quiso”, fueron algunas de sus palabras.

El obispo, también se refirió al sí de María, ese sí que permitió que podemos ser salvamos, un sí que nació de la sencillez y la humildad de reconocerse sierva de Dios. “Ese es el sí en respuesta a Dios es lo que hoy necesitamos como Iglesia. Necesitamos creer en ÉL, en ese Cristo vivo y tenerlo así en nuestro corazón y esto no son sólo palabras, tiene que ser algo concreto, porque Jesucristo para los cristianos es la clave y sin ÉL nos estamos conduciendo al desastre. Muchos nos decimos cristianos, pero nuestras opciones, criterios y estilos de vida no tienen nada que ver con el sí que tenemos que darle a Él, que es el camino, la verdad y la vida. María fue feliz porque ella encontró su vocación con el Señor, su vocación primera fue ser la madre del Salvador, y así con esa respuesta y su obediencia libre, María fue feliz”.

Para finalizar la homilía, Monseñor pidió que aprendamos de la Virgen  María, porque ella es “la mujer del sí, aprendamos  a decir con sencillez, sí Hágase Señor. Ese sí que lo celebramos a diario en la Eucaristía pero que tiene que replicarse en nuestra familia, en nuestro trabajo, en nuestra misión, en nuestros criterios, nuestro tiempo necesita de ese sí, porque necesita tener esperanza. Pidamos a María, la mujer del adviento, la que espera que nosotros como ella podemos decirle que sí a Dios”, finalizó.

Luego al finalizar la misa, la municipalidad de Concepción realizó el descubrimiento de una placa conmemorativa en el medio de la plaza central y se realizó un pequeño acto conmemorativo. Mientras que la reliquia incorrupta del corazón de San Roque González permaneció expuesta durante todo el día para ser venerado por todo el pueblo y la comunidad que fue llegando desde diferentes partes de la provincia.

Fuente: Pastoral de Comunicación

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 1 de Adviento (1 de diciembrede 2019).

Estamos iniciando el tiempo del adviento, o sea, de preparación para celebrar la Navidad. Desde ya que todos sentimos el cansancio del fin de un año que se nos presentó en muchos aspectos difícil y exigente. En este contexto la liturgia del adviento nos invita a animarnos en la esperanza.

El Evangelio de este domingo (Mt 24,37-44), nos exhorta a la vigilancia y a la fidelidad: «Estén prevenidos, porque ustedes no saben qué día vendrá su Señor. Entiéndalo bien: si el dueño de casa supiera a qué hora de la noche va a llegar el ladrón, velaría y no dejaría perforar las paredes de su casa. Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada» (Mt 24,42-44).

La liturgia del adviento subraya el sentido pleno de la esperanza cristiana, la esperanza «escatológica», la del final de los tiempos. Pero de ninguna manera esta perspectiva que nos hace reclamar: «Ven Señor Jesús», nos deja en la pasividad. Esto sería una esperanza alienante y la esperanza cristiana, por el contrario, nos exige comprometernos con el presente y evangelizar nuestra cultura y nuestro tiempo.

No claudicamos en la esperanza y creemos que las cosas pueden mejorar si mejoramos nosotros y nos convertimos a Dios y a algunos valores indispensables como la vida, la verdad y la justicia. Pero tampoco podemos dejar de tener los pies sobre la tierra y ser claros frente a los problemas que se nos presentan.

Sorprende cómo en muchos medios de comunicación, en publicaciones, o en comentarios de algunos políticos y funcionarios, cuando se habla del tema de la maternidad, se lo plantea como un problema a resolver, ligado al crecimiento demográfico y a la pobreza. En Misiones, la tasa de natalidad, es decir el número de nacimientos por año, es superior a la media nacional. Algunas miradas ven esto como un problema e incluso se alarman. Sobre todo porque las tasas de natalidad altas se ven en madres pobres. Los organismos internacionales permanentemente presionan para que el problema de la pobreza se solucione con una fuerte reducción de la natalidad. En esa línea proponenleyes que legalicen el aborto aludiendoque es el camino que siguen los países modernos. Les cuesta entender que la solución de la pobreza tiene que plantearse desde una mejor distribución de la riqueza, de la equidad y desde la justicia social, y no desde la eliminación de los niños por nacer. La avaricia va sometiéndonos a un sector del mundo que acumula y concentra riqueza y poder, y no se dispone a distribuir mejor desde la justicia y la equidad social

Considero oportuno recordar un texto de Aparecida sobre este tema: «Si esta opción [por los pobres] está implícita en la fe cristológica, los cristianos, como discípulos y misioneros, estamos llamados a contemplar, en los rostros sufrientes de nuestros hermanos, el rostro de Cristo que nos llama a servirlo en ellos: “Los rostros sufrientes de los pobres son rostros sufrientes de Cristo”. Ellos interpelan el núcleo del obrar de la Iglesia, de la pastoral y de nuestras actitudes cristianas. Todo lo que tenga que ver con Cristo, tiene que ver con los pobres y todo lo relacionado con los pobres reclama a Jesucristo: “Cuanto lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (Mt 25, 40).

De nuestra fe en Cristo, brota también la solidaridad como actitud permanente de encuentro, hermandad y servicio, que ha de manifestarse en opciones y gestos visibles, principalmente en la defensa de la vida y de los derechos de los más vulnerables y excluidos, y en el permanente acompañamiento en sus esfuerzos por ser sujetos de cambio y transformación de su situación. El servicio de caridad de la Iglesia entre los pobres es un ámbito que caracteriza de manera decisiva la vida cristiana, el estilo eclesial y la programación pastoral». (393-394)

El egoísmo y la falta del sentido del bien común están en la raíz de nuestros males. En este domingo de adviento, la Palabra de Dios nos exhorta a que estemos prevenidos, porque el Señor vendrá a la hora menos pensada. Evidentemente nuestra sociedad necesita convertirse al bien común y a la justicia. La esperanza cristiana nos impulsa a sentirnos responsables para revertir el flagelo de la exclusión.

Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.

 Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (24 de noviembre de 2019).

Al finalizar el año litúrgico y empezar a prepararnos durante el adviento para celebrar el nacimiento del Señor, en la Navidad, quiero enviar a todas las comunidades de la Diócesis una especial felicitación y agradecimiento por el fervor en la fe demostrado en la peregrinación diocesana a Loreto.

El domingo 17 de noviembre pasado fue un momento fuerte, donde nos reunimos como pueblo de Dios. La alegría de nuestros jóvenes, de tantas familias en una peregrinación de miles de personas, a pie, en bicicletas, colectivos, autos y motos… Fue una verdadera expresión de la fe de nuestro pueblo. Agradezco a los medios de comunicación que hicieron presente Loreto en la Provincia. Quiero agradecer especialmente a los sacerdotes, diáconos, consagrados, seminaristas, que acompañaron a las comunidades, en ellos encontramos verdaderos animadores de nuestra evangelización. Todo esto nos señala buenos augurios, para introducirnos en la cotidianidad de la evangelización del discipulado y la misión.

En Loreto manifestamos que queremos ser los evangelizadores de los próximos meses y años, con una fe encendida en el compromiso de una Iglesia que quiere amar y ponerlo a Jesucristo, Rey del Universo en el centro de nuestra historia en Misiones y en nuestra Patria. Que estamos dispuestos a avanzar en la conversión pastoral y renovación misionera de nuestros agentes pastorales y estructuras de nuestras comunidades. En Loreto quedó claro que aún en medio de las dificultades no bajaremos los brazos y estamos dispuestos en la Esperanza a evangelizar en este siglo XXI.

Con alegría, en este domingo agradecemos a Dios por la creación de una nueva parroquia para la diócesis: Loreto-Santa Ana. Se trata de un territorio con una rica y fecunda historia que a partir de ahora, junto a su párroco hará visible de manera más plena a la Iglesia, Pueblo de Dios, para acompañar mejor la nueva evangelización.

Subrayo que este domingo celebramos a «Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo», y desde el próximo domingo empezaremos a prepararnos para celebrar la Navidad, el nacimiento de Jesús y lo haremos durante varias semanas en el llamado tiempo de Adviento.

Esta celebración de «Cristo Rey» puede confundir a varios, asociando esta denominación con un mero poder temporal o bien la fastuosidad de algunos reyes contemporáneos. Tampoco en la época de Jesús entendían demasiado qué tipo de reinado tenía Jesús y cómo era su Reino. Porque «verdaderamente el reino de Jesús no es de este mundo (cf. Jn 18,36); pero justamente es aquí —nos dice el Apóstol Pablo en la segunda lectura—, donde encontramos la redención y el perdón (cf. Col 1,13-14). Porque la grandeza de su reino no es el poder según el mundo, sino el amor de Dios, un amor capaz de alcanzar y restaurar todas las cosas» (Papa Francisco, Homilía 20.11.2016)

No es fácil captar el núcleo del cristianismo. La pequeñez, como camino a la grandeza del espíritu, el tener alma de pobre, para pertenecer al Reino, el morir para vivir en la condición de Hijos de Dios y acceder a la vida eterna. Esto exige la fe para comprenderlo y dicha comprensión se hace más difícil en un contexto muchas veces plagado de propuestas excesivamente materialistas y sin valores, donde la verdad se desdibuja por el individualismo y el relativismo, sin percibir que sin algunos valores como la vida, la solidaridad, la familia… será muy difícil generar un tiempo mejor. ¿Es posible tener esperanza y creer que podremos construir una cultura con valores? No dudamos en responder que sí, que es posible. La gracia de Dios obra en todos lados, donde quiere, y esto lo demuestra el testimonio de tantos hermanos y hermanas del pasado y del presente.

Nuestro tiempo necesita que los cristianos podamos tener simplicidad de corazón para comprender y anunciar este Reino de Jesús el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.

Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 29 durante el año
[20 de octubre de 2019]

En el inicio de esta carta quiero pedir especialmente en este día por todas las madres. Nuestra gente sencilla, el pueblo que no forma parte ni del poder mediático, ni de ideologías de género, ni de luchas feministas fundamentalistas, tiene una gran veneración por la maternidad. La maternidad alegra el corazón de la mujer y de las familias. La maternidad es un don, el don de la vida.
El texto del Evangelio de este domingo (Lc 18,1-8), nos presenta a Jesús enseñando con una parábola, que es necesario orar siempre sin desanimarse. Nos dice que si un hombre injusto es capaz de escuchar a quien insiste para no seguir siendo molestado, con cuanta más razón Dios escuchará a sus elegidos que claman a él día y noche.


Desde ya que debemos considerar de gran valor que nuestra gente tenga una fuerte búsqueda de espiritualidad aún en un medioambiente secularista. Pero es cierto que la religiosidad si no asume un camino de maduración en la fe, puede quedar anclada en meras devociones, acciones rituales vaciadas de compromisos con la vida y hasta el riesgo de generar desequilibrios afectivos y sicológicos. En este sentido en el documento del Episcopado argentino «Navega mar adentro» se hace referencia a los desvíos religiosos provocados por algunas sectas, pero también a posturas parecidas que pueden darse en nuestras comunidades y hasta en sacerdotes y predicadores que no ayudan a madurar la fe de nuestro pueblo. «El hambre de Dios que tiene nuestro pueblo se ve tentado por una oferta masiva de algunas sectas que presentan la religión como un mero artículo de consumo, y con acciones proselitistas ganan adeptos al proponer una fe individualista, carente de compromisos sociales, estables y solidarios, proclamando una mágica intervención de lo alto que hace prosperar y sana» (NMA 30).


Considero conveniente recordar que la fe para los cristianos está ligada al misterio de la Encarnación y de la Pascua. Es preocupante ver cómo hay cristianos que vinculan las enfermedades físicas al pecado y al demonio, acentuado por reuniones litúrgicas en donde Dios obra sanaciones y la salud. Es cierto que Dios puede obrar milagros, pero estos hechos son extraordinarios y tienen poco que ver con estos encuentros de sanación rituales y masivos. Muchas veces la superstición cultural también lleva a considerar posesiones del demonio y necesidad de exorcismos donde en realidad hay problemas de enfermedades físicas o sicológicas. Con esta actitud no se respeta la justa autonomía de las realidades naturales que nos señala el Concilio Vaticano II, en la constitución «Gaudium et Spes». La misma nos dice: «Si por autonomía de la realidad se quiere decir que las cosas creadas y la sociedad misma gozan de propias leyes y valores, que el hombre ha de descubrir, emplear y ordenar poco a poco, es absolutamente legítima esta exigencia de autonomía. No es sólo que la reclamen imperiosamente los hombres de nuestro tiempo. Es que además responde a la voluntad del Creador. Pues, por la propia naturaleza de la creación, todas las cosas están dotadas de consistencia, verdad y bondad propias y de un propio orden regulado, que el hombre debe respetar con el reconocimiento de la metodología particular de cada ciencia o arte. Por ello, la investigación metódica en todos los campos del saber, si está realizada de una forma auténticamente científica y conforme a las normas morales, nunca será en realidad contraria a la fe, porque las realidades profanas y las de la fe tienen su origen en un mismo Dios. Más aún, quien con perseverancia y humildad se esfuerza por penetrar en los secretos de la realidad, está llevado, aun sin saberlo, como por la mano de Dios, quien, sosteniendo todas las cosas, da a todas ellas el ser. Son, a este respecto, de deplorar ciertas actitudes que, por no comprender bien el sentido de la legítima autonomía de la ciencia, se han dado algunas veces entre los propios cristianos; actitudes que, seguidas de agrias polémicas, indujeron a muchos a establecer una oposición entre la ciencia y la fe» (GS 36).


Considero que debemos meditar seriamente este texto y enseñanza del Concilio, ya que en la acción evangelizadora de la Iglesia, no podemos asumir recursos efectistas o bien proselitistas para sumar gente. El anuncio evangelizador para que sea salvífico requerirá siempre no eludir la Pascua, o sea, el valor del sufrimiento y de la cruz para encaminarnos a la vida nueva de los hijos de Dios. En mi vida sacerdotal me ha tocado acompañar a muchos enfermos que estaban en estado de gracia y siguieron estando enfermos y nunca he dudado y ellos tampoco, que su sufrimiento tenía un sentido redentor. En todo caso siempre debe quedar claro que nuestra oración por los enfermos y la sanación espiritual que realizamos respetan la autonomía del orden natural y que los milagros que Dios puede obrar son hechos extraordinarios y poco tienen que ver con la fe de la Iglesia estas sanaciones mediáticas y masivas.
Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el domingo 24 durante el año
[15 de septiembre de 2019]

Este domingo el Evangelio que leemos (Lc 15,1-32), nos presenta las llamadas parábolas de la misericordia de Dios. En realidad, son las respuestas en parábolas que el Señor da a los fariseos y los escribas que se escandalizaban y murmuraban contra Él: «Este hombre recibe a los pecadores y come con ellos» (Lc 15,2). El Señor les responde con la parábola de la oveja perdida, de la moneda perdida y encontrada, y del padre misericordioso. Les dice: «Les aseguro que de la misma manera, habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta, que por noventa y nueve justos que no necesitan convertirse» (Lc 15,7).
Desde ya que esta Palabra de Dios que leemos nos ayuda a profundizar sobre la necesaria conversión que tenemos que realizar los cristianos, tanto a nivel personal, como eclesial. En nuestra Diócesis nos hemos planteado en el primer Sínodo la necesidad de asumir el documento de Aparecida, sobre todo en los desafíos de ser Misioneros de Jesucristo, buscando nuevas estrategias de evangelización, y de ser más discípulos profundizando la formación como camino al discipulado. Todo esto se vio ratificado con el pontificado del Papa Francisco, a través de sus encíclicas, sus gestos y sus palabras.
El desafío de nuestro tiempo será salir a buscar a aquellos que no lo conocen a Dios, a los que no están. Es interesante la referencia específica que realiza Aparecida a los nuevos problemas que presenta la pastoral urbana y que también nos debe hacer reflexionar a nosotros: «La ciudad se ha convertido en el lugar propio de nuevas culturas que se están gestando e imponiendo con un nuevo lenguaje y una nueva simbología.
Esta mentalidad urbana se extiende también al mismo mundo rural. En definitiva, la ciudad trata de armonizar la necesidad del desarrollo con el desarrollo de las necesidades fracasando frecuentemente en este propósito… La Iglesia en sus inicios se formó en las grandes ciudades de su tiempo y se sirvió de ellas para extenderse. Por eso, podemos realizar con alegría y valentía la evangelización de la ciudad actual. Ante la nueva realidad de la ciudad se realizan en la Iglesia nuevas experiencias, tales como la renovación de las parroquias, sectorización, nuevos ministerios, nuevas asociaciones, grupos, comunidades y movimientos. Pero se notan actitudes de miedo a la pastoral urbana; tendencias a encerrarse en los métodos antiguos y de tomar una actitud de defensa ante la nueva cultura, de sentimientos de impotencia ante las grandes dificultades de las ciudades» (DA 511-513).
En la Diócesis venimos buscando caminos que nos movilicen a vivir esta dimensión discipular y misionera, sabiendo que no podemos evangelizar si no amamos. Si no vemos al mundo y al hombre -varón y mujer concretos de hoy- con cierto optimismo, positivamente; si no tratamos de ver también que la semilla del Verbo está en nuestra realidad;si no tenemos una actitud de amor y diálogo, no podemos captar los códigos desde los cuales tendremos que evangelizar. Tendremos que proponernos vivir este espíritu de salida, un salir misionero, ir a todos, a los más alejados y a los que están más excluidos.
Como obispo y pastor de la diócesis, me alegra profundamente el esfuerzo de las comunidades por asumir el desafío de buscar caminos de misión que respondan a tantas demandas que se van intensificando. A veces nos sentimos insuficientes, pero debemos agradecer a Dios que nuestros laicos, consagrados, diáconos y sacerdotes ponen el corazón para que podamos ser una Iglesia cada día un poco más samaritana y misionera, que con misericordia sale al encuentro de los que sufren y están excluidos.
Este fin de semanaen nuestro Santuario de Loreto, hemos tenido la «Asamblea diocesana de la Familia» en donde los matrimonios delegados de las parroquias y los movimientos eclesiales, junto al Secretariado diocesano para la Familia, nos planteamos el camino pastoral que vamos realizando desde «Amoris Laetitia», documento asumido en la Asamblea diocesana de junio de 2017 con el deseo de acompañar con misericordia desde la tarea evangelizadora a las familias de nuestra diócesis. Hemos puesto todo lo vivido a los pies de nuestra madre de Loreto. Ella es patrona delas familias y, desde el santuario de Loreto como «casa de Nazaret» acompaña con amor de madre las situaciones de alegría ydolor.
Pidamos que en este domingo las parábolas de la misericordia nos ayuden a ser una Iglesia Samaritana y misionera.
Un saludo cercano y hasta el próximo domingo.
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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En la homilía de la Misa celebrada por el Papa Francisco en Casa Santa Marta animó a valorar a quienes nos “acompañan en el camino de la vida” y a hacer de corazón “un acto de memoria, agradecimiento y de pedido de disculpas”.

Con motivo de la jubilación de una de las empleadas que ha trabajado más de 40 años en el Vaticano, el Papa Francisco recordó la importancia de valorar a quienes forman “la gran familia” de quienes “nos acompañan en el camino de la vida por un tiempo”.

Y alentó a pensar en esas personas con “agradecimiento y también como gesto de gratitud a Dios. Gracias, Señor, por no habernos dejado solos. Es verdad, siempre hay problemas, y donde hay gente hay habladurías. Incluso aquí. Se reza y se habla, ambas cosas. Y también, a veces, se peca contra la caridad”.

Por eso, el Papa Francisco animó a hacer un “acto de memoria, de agradecimiento y también de pedido de disculpas” “de corazón” con las personas que nos acompañan en la vida, por una parte de la vida o por toda la vida”.

Y aprovechó la despedida de esta trabajadora del Vaticano, para agradecer a quienes “trabajan aquí en casa, un "gracias" grande, grande, grande. Y a usted, Patrizia, que comiences esta segunda parte de la vida, ¡otros 40 años!”

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“Querida Amazonía”, los sueños del Papa para esta región de todos..
En la exhortación postsinodal “Querida Amazonía”, difundida el miércoles 12 de Febrero, el papa Francisco traza nuevos caminos de evangelización y alienta al cuidado del medioambiente y de los pobres en este pulmón del mundo. Asimismo desea un nuevo impulso misionero y alienta el papel de los laicos en las comunidades eclesiales.
 
El documento pontificio de 25 páginas, estructurado en cuatro partes y una conclusión, comienza con la frase: “La querida Amazonía se muestra ante el mundo con todo su esplendor, su drama, su misterio”.
 
El Papa desea “aportar un breve marco de reflexión que encarne en la realidad amazónica una síntesis de algunas grandes preocupaciones que ya expresé en mis documentos anteriores y que ayude y oriente a una armoniosa, creativa y fructífera recepción de todo el camino sinodal”.
 
En los primeros puntos (2-4) explica el sentido de esta exhortación, llena de referencias a documentos de las conferencias episcopales de los países amazónicos, pero también de poemas de autores relacionados con la Amazonía.
 
Francisco subraya que desea “expresar las resonancias” que el Sínodo provocó en él, y precisa que no pretende sustituir ni repetir el Documento Final, al que invita a leer “íntegramente”, esperando que toda la Iglesia se deje “enriquecer e interpelar” por ese texto y que la Iglesia de la Amazonía se comprometa “en su aplicación”.
 
En los puntos del 5 al 7, el pontífice comparte sus “sueños para la Amazonía”, cuyo destino debe preocupar a todos, porque esta tierra también es “nuestra”, asegura.
 
Asimismo, formula “cuatro grandes sueños”: que la Amazonía “luche por los derechos de los más pobres”, “preserve la riqueza cultural”, “custodie celosamente la abrumadora hermosura natural” y, por último, que las comunidades cristianas sean “capaces de entregarse y encarnarse en la Amazonia”.
 
El sueño social: Que la Iglesia esté al lado de los oprimidos
El primer capítulo de “Querida Amazonía" se centra en el “sueño social” (8). Destaca que “un verdadero planteo ecológico” es también un “planteo social” y, si bien aprecia el “buen vivir” de los indígenas, advierte contra el “conservacionismo” que solo se preocupa por el medioambiente. En tonos vibrantes, habla de “injusticia y crimen” (9-14). Recuerda que Benedicto XVI ya había denunciado “la devastación ambiental de la Amazonía”. Los pueblos originarios, advierte, sufren el “sometimiento” tanto de los poderes locales como de los externos. Para el Papa las operaciones económicas que alimentan la devastación, los asesinatos, la corrupción, merecen el nombre de “injusticia y crimen”. Y con Juan Pablo II reitera que la globalización no debe convertirse en un nuevo colonialismo.
 
Que los pobres sean escuchados sobre el futuro de la Amazonía
Ante tal injusticia, el pontífice pide “indignarse y pedir perdón” (15-19). Para Francisco son necesarias “redes de solidaridad y desarrollo” y llama al compromiso de todos, incluyendo a los líderes políticos. A partir de aquí, el Papa se detiene en el tema del “sentido comunitario” (20-22). Recuerda que para los pueblos amazónicos las relaciones humanas “están impregnadas por la naturaleza circundante”. Por esta razón, escribe, viven un verdadero “desarraigo” cuando son “obligados a emigrar a la ciudad”. La última parte del primer capítulo está dedicada a las “Instituciones dañadas” (23-25) y al “Diálogo social” (26-27). El Papa denuncia el mal de la corrupción que envenena al Estado y sus instituciones. Y espera que la Amazonía se convierta en “un lugar de diálogo social”, en primer lugar, “con los últimos”. La de los pobres, advierte, ha de ser “la voz más potente” en la Amazonía.
 
El sueño cultural: cuidar el poliedro amazónico
El segundo capítulo está dedicado al “Sueño cultural”. Francisco inmediatamente deja claro que “promover la Amazonia” no significa “colonizarla culturalmente” (28). Así, utiliza una imagen que le es muy querida: “el poliedro amazónico” (29-32). Es necesario luchar contra la “colonización postmoderna”. Para Francisco es urgente “cuidar las raíces” (33-35). Citando a Laudato si’ y Christus vivit, subraya que la “visión consumista del ser humano” tiende a “homogeneizar las culturas” y esto repercute especialmente en los jóvenes. A ellos, el Papa les pide “hacerse cargo de las raíces”, que “recuperen la memoria dañada”.
 
No a un indigenismo cerrado, sino a un encuentro intercultural
La exhortación se centra entonces en el “encuentro intercultural” (36-38). Incluso las “culturas supuestamente más evolucionadas”, observa, pueden aprender de los pueblos que “desarrollaron un tesoro cultural estando enlazadas con la naturaleza”. La diversidad, por lo tanto, no es “una frontera”, sino “un puente”, y dice no a un “indigenismo completamente cerrado”. La última parte del capítulo II está dedicada al tema “culturas amenazadas, pueblos en riesgo” (39-40). En cualquier proyecto para la Amazonía, es su recomendación, “hace falta incorporar la perspectiva de los derechos de los pueblos”. Estos, añade, difícilmente podrán “quedar indemnes” si el entorno en el que nacieron y se desarrollaron “se daña”.
 
El sueño ecológico: Unir el cuidado del ambiente y el de las personas
El tercer capítulo, “Un Sueño Ecológico”, es el que se relaciona más inmediatamente con la encíclica Laudato si’. En la introducción (41-42) se destaca que en la Amazonía existe una estrecha relación del ser humano con la naturaleza. El cuidado de nuestros hermanos como el Señor nos cuida, reitera, “es la primera ecología que necesitamos”. El cuidado del medioambiente y el cuidado de los pobres son “inseparables”. Francisco, entonces, vuelca su atención al “sueño hecho de agua” (43-46). Cita a Pablo Neruda y a otros poetas locales sobre la fuerza y la belleza del río Amazonas. Con sus poemas, escribe, “nos ayudan a liberarnos del paradigma tecnocrático y consumista que destroza la naturaleza”.
 
Escuchar el grito del Amazonas, que el desarrollo sea sostenible
Para el Papa, es urgente escuchar “el grito de la Amazonía” (47-52). Recuerda que el equilibrio planetario depende de su salud. Hay, escribe, fuertes intereses no solo locales, sino también internacionales. La solución, por lo tanto, no es la “internacionalización” de la Amazonía, sino que debe crecer “la responsabilidad de los gobiernos nacionales”. El desarrollo sostenible, continúa, requiere que los habitantes estén siempre informados sobre los proyectos que les conciernen y espera la creación de “un sistema normativo” con “límites infranqueables”. Así, invita a la “Profecía de la contemplación” (53-57). Escuchando a los pueblos originarios, subraya, podemos amar a la Amazonia “y no solo utilizarla”; podemos encontrar en ella “un lugar teológico, un espacio donde Dios mismo se muestra y convoca a sus hijos”. La última parte del capítulo III se centra en la “Educación y los hábitos ecológicos” (58-60). El Papa señala que la ecología no es una cuestión técnica, sino que siempre incluye “un aspecto educativo”.
 
El sueño eclesial: Desarrollar una Iglesia con rostro amazónico
El último capítulo, el más contundente, está dedicado “más directamente” a los pastores y fieles católicos y se centra en el “Sueño eclesial”. El Papa invita a “desarrollar una Iglesia con rostro amazónico” a través de un “gran anuncio misionero” (61), un “anuncio indispensable en la Amazonía” (62-65). Para el Papa no basta con llevar un “mensaje social”. Estos pueblos tienen “derecho al anuncio del Evangelio”, de lo contrario “cada estructura eclesial se convertirá” en una ONG. Una parte sustancial se dedica entonces a la inculturación. Retomando la Gaudium et Spes, habla de la “inculturación” (66-69) como un proceso que lleva “a la plenitud de la luz del Evangelio” lo bueno que existe en las culturas amazónicas.
 
Una renovada inculturación del Evangelio en la Amazonia
El Papa mira más profundamente, señalando los “Caminos de inculturación en la Amazonía” (70-74). Los valores presentes en las comunidades originarias, escribe, deben ser “recogidos en la evangelización”. Y en los dos párrafos siguientes se centra en la “inculturación social y espiritual” (75-76). El Papa señala que, dada la pobreza de tantos habitantes de la Amazonia, la inculturación debe tener un “perfume marcadamente social”. Al mismo tiempo, sin embargo, la dimensión social debe integrarse con la dimensión “espiritual”.
 
Sacramentos accesibles a todos, especialmente a los pobres
La Exhortación indica entonces los “puntos de partida para una santidad amazónica” (77-80) que no deben copiar “modelos de otros lugares”. Destaca que “es posible recoger de alguna manera un símbolo indígena sin calificarlo necesariamente de idolatría”. Se puede valorar, añade, un mito “cargado de sentido espiritual” sin considerarlo necesariamente “un error pagano”. Lo mismo se aplica a algunas fiestas religiosas que, aunque requieren un “proceso de purificación”, “contienen un significado sagrado”.
 
Otro pasaje significativo de Querida Amazonia es sobre la inculturación de la liturgia (81-84). El pontífice constata que el Concilio Vaticano II había pedido un esfuerzo de “inculturación de la liturgia en los pueblos indígenas”. También recuerda, en una nota al texto, que en el Sínodo “surgió la propuesta de elaborar un rito amazónico”. Los sacramentos, exhorta, “deben ser accesibles, sobre todo para los pobres”. La Iglesia, enfatiza recordando a Amoris laetitia, no puede convertirse en una “aduana”.
 
Que los obispos latinoamericanos envíen misioneros a la Amazonía
Vinculado a esto está el tema de “la inculturación de la ministerialidad” (85-90) al que la Iglesia debe dar una respuesta “valiente”. Para el Papa debe garantizarse “una mayor frecuencia de la celebración de la Eucaristía”. A este respecto, reitera, es importante “determinar qué es lo más específico del sacerdote”. La respuesta, se lee, está en el sacramento del Orden que habilita solo al sacerdote para presidir la Eucaristía. ¿Cómo, entonces, “asegurar ese ministerio sacerdotal” en áreas remotas? Francisco exhorta a todos los obispos, especialmente a los latinoamericanos, “a ser más generosos”, orientando a aquellos que “muestran vocación misionera” a elegir la Amazonia y los invita a revisar la formación de los sacerdotes.
 
Favorecer un protagonismo de los laicos en la comunidad
Después de los sacramentos, Querida Amazonia se detiene en las “comunidades repletas de vida” (91-98) en las que los laicos deben asumir “responsabilidades importantes”. Para el Papa, de hecho, no se trata “solo de facilitar una mayor presencia de ministros ordenados”, un objetivo “limitado” si no se suscita “nueva vida en las comunidades”. Por lo tanto, se necesitan nuevos “servicios laicales”. Solo a través de un “contundente protagonismo de los laicos”, reitera, la Iglesia podrá responder a los “desafíos de la Amazonía”. Para el Pontífice, las personas consagradas ocupan también un lugar especial, al tiempo que recuerda el papel de las comunidades de base que han defendido los derechos sociales y alienta en particular la actividad de la Repam y de los “equipos misioneros itinerantes”.
 
Nuevos espacios para las mujeres, pero sin “clericalizaciones”
El Papa dedica un espacio propio a la fuerza y al don de las mujeres (99-103). Reconoce que en la Amazonía algunas comunidades se han mantenido solo “gracias a la presencia de mujeres fuertes y generosas”. Sin embargo, advierte que no se debe reducir “la Iglesia a estructuras funcionales”. Si este fuera el caso, de hecho, solo se les daría un papel si tuvieran acceso al Orden Sagrado. Para el Papa la clericalización de la mujer debe ser rechazada, aceptando en cambio la contribución según el modo femenino que prolonga “la fuerza y la ternura de María”. Él alienta el surgimiento de nuevos servicios femeninos, que - con el reconocimiento público de los obispos – incidan en las decisiones de las comunidades.
 
Que los cristianos luchen unidos para defender a los pobres de la Amazonía
Para el Papa es necesario “ampliar horizontes más allá de los conflictos” (104-105) y dejarnos desafiar por la Amazonía para “superar perspectivas limitadas” que “se quedan clausuradas en aspectos parciales”. El capítulo IV termina con el tema de la “Convivencia ecuménica e interreligiosa” (106-110). El Papa invita a los creyentes a “encontrar espacios para conversar y para actuar juntos por el bien común”. “¿Cómo no luchar juntos? - pregunta Francisco- ¿Cómo no orar juntos y trabajar codo con codo para defender a los pobres de la Amazonía?”
 
Confiemos la Amazonía y sus pueblos a María
Francisco concluye Querida Amazonía con una oración a la Madre de la Amazonía (111). “Madre, mira a los pobres de la Amazonía”, recita un pasaje de su oración, “porque su hogar está siendo destruido por intereses mezquinos (…) Toca la sensibilidad de los poderosos, porque aunque sentimos que ya es tarde nos llamas a salvar lo que todavía vive”.
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“La medida con que juzguéis seréis juzgados”. El Papa Francisco subrayó esas palabras de Jesús, recogidas en el Evangelio de San Marcos, y reflexionó sobre ellas durante la Misa celebrada este viernes 30 de enero en la Casa Santa Marta.

El Pontífice invitó a preguntarse: “¿Con qué medida mido yo a los demás? ¿Con qué medida me mido a mí mismo? ¿Es una medida generosa, plena de amor a Dios, o es una medida de nivel bajo? Con esa medida yo seré juzgado, no será con ninguna otra: aquella, precisamente con aquella que he hecho yo”.

“¿Dónde está el nivel en el cual he puesto mi tope? ¿En un nivel alto? Debemos pensar en todo esto, y eso se ve no tanto en las cosas buenas que hacemos, o en las cosas malas que hacemos, sino en el continuo estilo de vida”.

El Pontífice llamó la atención sobre el hecho de que “cada uno de nosotros tiene un modo de medirse así mismo, las cosas y a los demás”. Ese modo de medir será el mismo que empleará el Señor, dijo el Papa: quien mida con egoísmo, así será medida, quien no tenga piedad será juzgado del mismo modo, es decir, “sin piedad”.

Si se juzga “con una medida cristiana, que sigue a Jesús, por su camino, con la misma seré juzgado, con mucha, mucha, mucha piedad, con mucha compasión, con mucha misericordia”.

Por el contrario, “si mi medida es mundana y solo uso la fe cristiana (sí, voy a Misa, pero vivo como mundano), seré medido con esa medida”.

“Pidamos al Señor la gracia de vivir cristianamente y, sobre todo, de no tener miedo de la cruz, de las humillaciones, porque ese es el camino que Él eligió para salvarnos, y esto es lo que garantiza que mi medida es cristiana: la capacidad de llevar la cruz, la capacidad de sufrir las humillaciones”, concluyó el Papa Francisco.

A continuación, el Evangelio comentado por el Papa Francisco:

San Marcos 4, 21-25

En aquel tiempo, Jesús dijo al gentío:

No hay nada escondido, sino para que sea descubierto; no hay nada oculto, sino para que salga la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga».

Les dijo también:

«Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene».

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El Papa Francisco presidió este domingo 26 de enero en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa con motivo de la primera Jornada de la Palabra de Dios, instituida por el mismo Pontífice en el Motu Proprio Aperuit Illis del 30 de septiembre de 2019.

En su homilía, el Santo Padre invitó a hacer espacio para el Evangelio en la rutina diaria:

“Hagamos espacio a la Palabra de Dios. Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida”.

A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:

«Jesús comenzó a predicar» (Mt 4,17). Así, el evangelista Mateo introdujo el ministerio de Jesús: Él, que es la Palabra de Dios, vino a hablarnos con sus palabras y con su vida. En este primer domingo de la Palabra de Dios vamos a los orígenes de su predicación, a las fuentes de la Palabra de vida. Hoy nos ayuda el Evangelio (Mt 4, 12-23), que nos dice cómo, dónde y a quién Jesús comenzó a predicar.

1. ¿Cómo comenzó? Con una frase muy simple: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (v. 17). Esta es la base de todos sus discursos: Nos dice que el reino de los cielos está cerca. ¿Qué significa? Por reino de los cielos se entiende el reino de Dios, es decir su forma de reinar, de estar ante nosotros.

Ahora, Jesús nos dice que el reino de los cielos está cerca, que Dios está cerca. Aquí está la novedad, el primer mensaje: Dios no está lejos, el que habita los cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras, canceló las distancias. No lo merecíamos: Él vino a nosotros, vino a nuestro encuentro.

Es un mensaje de alegría: Dios vino a visitarnos en persona, haciéndose hombre. No tomó nuestra condición humana por un sentido de responsabilidad, sino por amor. Por amor asumió nuestra humanidad, porque se asume lo que se ama.

Y Dios asumió nuestra humanidad porque nos ama y libremente quiere darnos esa salvación que nosotros solos no podemos darnos. Él desea estar con nosotros, darnos la belleza de vivir, la paz del corazón, la alegría de ser perdonados y de sentirnos amados.

Entonces entendemos la invitación directa de Jesús: “Convertíos”, es decir, “cambia tu vida”. Cambia tu vida porque ha comenzado una nueva forma de vivir: ha terminado el tiempo de vivir para ti mismo; ha comenzado el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor. Jesús también te repite hoy: “¡Ánimo, estoy cerca de ti, hazme espacio y tu vida cambiará!”.

Es por eso que el Señor te da su Palabra, para que puedas aceptarla como la carta de amor que escribió para ti, para hacerte sentir que está a tu lado. Su Palabra nos consuela y nos anima. Al mismo tiempo, provoca la conversión, nos sacude, nos libera de la parálisis del egoísmo. Porque su Palabra tiene este poder: cambia la vida, hace pasar de la oscuridad a la luz.

2. Si vemos dónde Jesús comenzó a predicar, descubrimos que comenzó precisamente en las regiones que entonces se consideraban “oscuras”. La primera lectura y el Evangelio, de hecho, nos hablan de aquellos que estaban «en tierra y sombras de muerte»: son los habitantes del «territorio de Zabulón y Neftalí, camino del mar, al otro lado del Jordán, Galilea de los gentiles» (Mt 4,15-16; cf. Is 8,23-9,1).

Galilea de los gentiles: la región donde Jesús inició a predicar se llamaba así porque estaba habitada por diferentes personas y era una verdadera mezcla de pueblos, idiomas y culturas.

De hecho, estaba la Vía del mar, que representaba una encrucijada. Allí vivían pescadores, comerciantes y extranjeros: ciertamente no era el lugar donde se encontraba la pureza religiosa del pueblo elegido.

Sin embargo, Jesús comenzó desde allí: no desde el atrio del templo en Jerusalén, sino desde el lado opuesto del país, desde la Galilea de los gentiles, desde un lugar fronterizo, desde una periferia. De esto podemos sacar un mensaje: la Palabra que salva no va en busca de lugares preservados, esterilizados y seguros. Viene en nuestras complejidades, en nuestra oscuridad.

Hoy, como entonces, Dios desea visitar aquellos lugares donde creemos que no llega. Cuántas veces preferimos cerrar la puerta, ocultando nuestras confusiones, nuestras opacidades y dobleces. Las sellamos dentro de nosotros mientras vamos al Señor con algunas oraciones formales, teniendo cuidado de que su verdad no nos sacuda por dentro. Pero Jesús —dice el Evangelio hoy— «recorría toda Galilea […], proclamando el Evangelio del reino y curando toda enfermedad» (v. 23).

Atravesó toda aquella región multifacética y compleja. Del mismo modo, no tiene miedo de explorar nuestros corazones, nuestros lugares más ásperos y difíciles. Él sabe que sólo su perdón nos cura, sólo su presencia nos transforma, sólo su Palabra nos renueva. A Él, que ha recorrido la Vía del mar, abramos nuestros caminos más tortuosos; dejemos que su Palabra entre en nosotros, que es «viva y eficaz, tajante […] y juzga los deseos e intenciones del corazón» (Hb 4,12).

3. Finalmente, ¿a quién comenzó Jesús a hablar? El Evangelio dice que «paseando junto al mar de Galilea vio a dos hermanos […] que estaban echando la red en el mar, pues eran pescadores.

Les dijo: “Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres”» (Mt 4,18-19). Los primeros destinatarios de la llamada fueron pescadores; no personas cuidadosamente seleccionadas en base a sus habilidades, ni hombres piadosos que estaban en el templo rezando, sino personas comunes y corrientes que trabajaban.

Evidenciamos lo que Jesús les dijo: os haré pescadores de hombres. Habla a los pescadores y usa un lenguaje comprensible para ellos. Los atrae a partir de su propia vida. Los llama donde están y como son, para involucrarlos en su misma misión. «Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron» (v. 20).

¿Por qué inmediatamente? Porque se sintieron atraídos. No fueron rápidos y dispuestos porque habían recibido una orden, sino porque habían sido atraídos por el amor. Los buenos compromisos no son suficientes para seguir a Jesús, sino que es necesario escuchar su llamada todos los días. Sólo Él, que nos conoce y nos ama hasta el final, nos hace salir al mar de la vida. Como lo hizo con aquellos discípulos que lo escucharon.

Por eso necesitamos su Palabra: en medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino de vida.

Queridos hermanos y hermanas: Hagamos espacio a la Palabra de Dios. Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente. Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida.

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El Papa Francisco invitó a los cristianos a leer todos los días un versículo de la Biblia: “Comencemos por el Evangelio; mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en nuestro bolsillo, veámoslo en la pantalla del teléfono, dejemos que nos inspire diariamente”.

El Santo Padre se expresó así durante la Misa celebrada este domingo 26 de enero en la Basílica de San Pedro del Vaticano la Misa por la primera Jornada de la Palabra de Dios, instituida mediante el Motu Proprio Aperuit Illis del 30 de septiembre de 2019.

El Pontífice explicó que, de esa manera, “descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad, que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida”. En definitiva, pidió que se haga espacio “a la Palabra de Dios”.

En su homilía, el Papa Francisco reflexionó sobre los orígenes de la predicación de la Palabra.

Señaló que la predicación de Jesús comenzó “con una frase muy simple: ‘Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos’. Esta es la base de todos sus discursos: Nos dice que el reino de los cielos está cerca”.

Ahora bien, ¿qué es el reino de los cielos? ¿Y qué significa que esté cerca?, planteó Francisco.

“Por reino de los cielos se entiende el reino de Dios, es decir su forma de reinar, de estar ante nosotros”. A continuación, Jesús dice que ese reino está cerca, “que Dios está cerca”. Es precisamente ahí donde radica la novedad del mensaje: “Dios no está lejos, el que habita los cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras, canceló las distancias. No lo merecíamos: Él vino a nosotros, vino a nuestro encuentro”.

Se trata de “un mensaje de alegría”, aseguró el Papa. “Dios asumió nuestra humanidad porque nos ama y libremente quiere darnos esa salvación que nosotros solos no podemos darnos”.

Por otro lado, el Santo Padre llamó la atención sobre el origen de la predicación de Jesús. No se fue al atrio del Templo de Jerusalén, no a los palacios, sino que comenzó a predicar “en las regiones que entonces se consideraban ‘oscuras’”.

Galilea era una de esas regiones oscuras, y de hecho era conocida como “Galilea de los gentiles”, es decir, “la región donde Jesús inició a predicar se llamaba así porque estaba habitada por diferentes personas y era una verdadera mezcla de pueblos, idiomas y culturas”.

Por lo tanto, “no era el lugar donde se encontraba la pureza religiosa del pueblo elegido”.

Sin embargo, “Jesús comenzó desde allí: no desde el atrio del templo en Jerusalén, sino desde el lado opuesto del país, desde la Galilea de los gentiles, desde un lugar fronterizo, desde una periferia”.

Dentro de esa lógica, Jesús tampoco empezó a predicar a los expertos en las escrituras, a los intelectuales o a los poderosos, sino que “los primeros destinatarios de la llamada fueron pescadores; no personas cuidadosamente seleccionadas en base a sus habilidades, ni hombres piadosos que estaban en el templo rezando, sino personas comunes y corrientes que trabajaban”.

“En medio de tantas palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de cosas, sino de vida”, concluyó el Papa Francisco.

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El Papa Francisco espera que la educación católica “pueda ser una propuesta de esperanza y confianza para nuestro tiempo”.

Así lo escribió el Pontífice en un mensaje dirigido a los participantes del XXVI Congreso Interamericano de Educación Católica que se lleva a cabo en Santiago de Chile hasta el 10 de enero.

En la carta papal, firmada por el Secretario de Estado Vaticano, Cardenal Pietro Parolin, el Santo Padre envía un cordial saludo a los organizadores y participantes del XXVI Congreso de la Confederación Interamericana de Educación Católica que tiene por tema “Liderazgo, comunicación y marketing”.

Según informó este 10 de enero Vatican News, el mensaje del Papa Francisco fue leído por el Nuncio Apostólico en Chile, Mons. Alberto Ortega Martín, al comienzo del Congreso.

“El Santo Padre los anima en su reflexión sobre los desafíos que los responsables de la escuela católica deben afrontar para promover en ella una auténtica cultura del encuentro, de modo que pueda ser una propuesta de esperanza y confianza para nuestro tiempo”, se lee en la carta.

Al finalizar, el Pontífice solicita que “recen por él y por su servicio a la Iglesia universal” y los encomienda a la materna protección de Nuestra Señora del Carmen, Patrona de Chile, mientras que imparte con afecto la Bendición Apostólica.

Encuentro mundial de educación

En septiembre de 2019 el Papa Francisco solicitó a la Congregación para la Educación Católica organizar en el Vaticano un encuentro mundial sin precedentes sobre educación con el lema “Reconstruir el pacto educativo global”.

La cita será el 14 de mayo de 2020 y el mismo Pontífice anunció esta iniciativa a través de un video mensaje.

Este encuentro mundial -explicó el Papa- tiene por objetivo “reavivar el compromiso por y con las jóvenes generaciones, renovando la pasión por una educación más abierta e incluyente, capaz de la escucha paciente, del diálogo constructivo y de la mutua comprensión”.

“Hoy más que nunca, es necesario unir los esfuerzos por una alianza educativa amplia para formar personas maduras, capaces de superar fragmentaciones y contraposiciones y reconstruir el tejido de las relaciones por una humanidad más fraterna”, advirtió el Papa Francisco.

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26 Febrero 2020

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Para la Inscripción, se requiere:  

  • Tener 9 Años o estar cursando el 4to grado
  • Presentarse los padres para la Inscripción en Sede parroquial- En el caso de haber realizado la pre-inscripción llevar la documentación y corroborar los datos.
  • Traer Folio, una Fotocopia de DNI y Constancia de Bautismo (en lo posible)

Inscripciones:   Los días Sábados  10 y 17 de marzo, de 08:30 a 10:00  Horas

                          (San Marcos 3865 – Villa Urquiza)

17 de Marzo :  08:30 Horas Misa de Inicio de Catequesis (para todos los grupos)

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En la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, que se celebrará el próximo domingo 8 de diciembre, comenzará el Año Mariano Nacional dispuesto por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), para conmemorar los 400 años del hallazgo de la sagrada imagen de la Nuestra Señora del Valle en la gruta de Choya, provincia de Catamarca, venerada a lo largo y ancho del país.

El Año Mariano Nacional, que se extenderá hasta el 8 de diciembre de 2020, llevará por lema “Con María, servidores de la esperanza”.

El jubileo incluirá la realización del IV Congreso Mariano Nacional, previsto del 23 al 26 de abril en la diócesis de Catamarca, con el tema “María, Madre del Pueblo, esperanza nuestra”, y un congreso mariológico, también en esta jurisdicción eclesiástica, entre otras actividades.

“María nos vuelve a convocar. Es la mujer, es la esposa, es la madre que, con su presencia, abraza a las mujeres, a las esposas y a las madres en sus angustias y dolores y acoge a los hijos del descarte, las adicciones, la soledad y la indigencia”, subrayó la CEA en la convocatoria.

Apertura en Catamarca y replicado en las diócesis
Las diócesis harán la apertura del Año Mariano Nacional el 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, de acuerdo con su propia realidad pastoral.

En Catamarca se hará la apertura oficial del año jubilar. Allí el obispo diocesano, monseñor Luis Urbanc, presidirá ese día las celebraciones centrales con la misa procesión con la imagen de la Morenita del Valle.

Misa por la unidad y la paz en Luján
En el marco de la inauguración de este Año Mariano Nacional, la CEA invitó a la "Misa por la unidad y por la paz", que se celebrará el domingo 8 de diciembre a las 11 en la basílica de Luján, y participaran representantes de diversos sectores políticos y sociales del país.

Entre los asistentes estarán el presidente Mauricio Macri y el presidente electo Alberto Fernández, además de la gobernador bonaerense saliente María Eugenia Vidal.

Indulgencias plenarias
La Penitenciaría Apostólica, por especial mandato del papa Francisco, concedió la indulgencia plenaria para “todos aquellos que a lo largo del año visiten un santuario mariano o cualquier templo dedicado a la Virgen en todas las diócesis de la Argentina, cumpliendo con los consabidos requisitos para alcanzar esta particular gracia divina”.

Asimismo, concedió que los obispos miembros de la Conferencia Episcopal de Argentina puedan impartir la “bendición papal” tras las misas de apertura y cierre de las celebraciones jubilares del Año Mariano.

“Los fieles que recibiesen devotamente la bendición papal, incluso si por un motivo razonable no se encontrasen presentes en la celebración de los sagrados ritos, podrán conseguir la indulgencia plenaria a tenor del derecho, con tal de que, con piadosa intención, hubiesen participado de los mismos a través de los medios televisivos o radiofónicos”, subrayó en la nota de notificación.

fuente: aica

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Noticias de AICA

AICA

26 Febrero 2020

  • 1° Reunión de la Comisión Nacional de Pastoral de Juventud Argentina
    Del 22 al 24 de febrero, los representantes regionales y de movimientos nacionales de la Pastoral de Juventud Argentina se reunieron en Córdoba para compartir las realidades presentes en la juventud a la luz de la Buena Noticia. Preparándose para la próxima Asamblea Nacional, esbozaron una proclama para expresar la situación presente de la pastoral.
  • Región NEA: Primer encuentro de la Pastoral de Adicciones y Drogadependencia
    La Pastoral de Adicciones y Drogadependencia de la Región NEA tuvo su primer encuentro del año el sábado 22 de febrero en la capilla San Pedro de la parroquia Del Verbo Divino de Resistencia. En el marco del Año Mariano Nacional y del Año de la Palabra de Dios, convocado por el papa Francisco, trabajaron en torno a las realidades locales y planificaron las actividades para el 2020.
  • En Cuaresma, Mons. Cargnello anima a colaborar con los inundados
    El arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello, envió una carta a los fieles en la que detalló la situación de los hermanos que se vieron afectados por las inundaciones, y animó a la solidaridad: "El Señor nos llama a ponernos de pie y a ser más fraternos".

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