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A partir de la Primera Carta de San Pablo a Timoteo, el Santo Padre reflexionó sobre la oración. “Pablo subraya un poco el ambiente de una persona creyente: es la oración”.

Esa oración, en la que se pide “que todos recen por todos, para que podamos llevar una vida calmada y tranquila, digna y dedicada a Dios”.

Sin embargo, el Papa se quiso detener en una de las peticiones de la oración: “Por todos los hombres y –añade a continuación– por el rey y por todos los que tienen el poder”.

Explicó que los gobernantes reciben “adulaciones por parte de sus partidarios o insultos”. Lamentó que en la sociedad de hoy se ha generalizado el insulto contra los políticos, “alguno se lo merece”, añadió, pero lamentó que se haya convertido “en un hábito”, en un “rosario de insultos, de descalificaciones”.

El gobierno, recordó, “tiene la responsabilidad de conducir el país, ¿y nosotros lo vamos a dejar solo sin pedirle a Dios que lo bendiga?”.

“Estoy seguro de que no se reza por los gobernantes, incluso, parece que la oración por los gobernantes es insultarlos”, denunció.

“¿Quién de nosotros ha rezado por los gobernantes? ¿Quién de nosotros ha rezado por los parlamentarios? ¿Para que puedan ponerse de acuerdo y sacar adelante la patria?”, se preguntó.

“Parece que el espíritu patriótico no llega a la oración; sí a las descalificaciones, al odio, a las disputas, y así se acaba”. “Se debe discutir, y esa es la función de un parlamento, se debe discutir, pero no aniquilar al otro. Por el contrario, se debe rezar por el otro, por aquel que tiene una opinión diferente a la mía”.

“Debemos convertirnos y rezar los políticos de todas las ideologías. Rezar por los gobernantes”. “También los gobernantes deben rezar por su pueblo”. “Los gobernantes son responsables de la vida de un país. Es bonito pensar que, si el pueblo reza por los gobernantes, los gobernantes serán capaces también de rezar por el pueblo”, concluyó.

Lectura comentada por el Papa Francisco:

I Timoteo 2:1-8
1 Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres;
2 por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad.
3 Esto es bueno y agradable a Dios, nuestro Salvador,
4 que quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad.
5 Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también,
6 que se entregó a sí mismo como rescate por todos. Este es el testimonio dado en el tiempo oportuno,
7 y de este testimonio - digo la verdad, no miento - yo he sido constituido heraldo y apóstol, maestro de los gentiles en la fe y en la verdad.
8 Quiero, pues, que los hombres oren en todo lugar elevando hacia el cielo unas manos piadosas, sin ira ni discusiones.

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