«Un camino extraño»

Carta de monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas, para el 2° domingo de Cuaresma [28 de febrero de 2021]

El camino de la cuaresma que estamos transitando nos ayuda a comprender mejor que el amor que se dona y que da la vida es el camino donde nos plenificamos en nuestra dignidad humana. Este mensaje es una clave de comprensión -quizá la única- para volver a Dios y entender nuestra creaturidad, y también volver a los hombres generando vínculos solidarios y fraternos. La cuaresma nos invita a mirar nuestra vida más en profundidad y, en un buen examen de conciencia podremos revisar nuestro vínculo con Dios y con los hermanos desde esta expresión tan profunda que nos enseña que estamos llamados al amor.

Lamentablemente en los mensajes y propuestas que escuchamos abundan los modelos fundados en el tener y el poder, en el consumismo en el que los otros no son mis hermanos sino sólo objetos. Son modelos en los que todo se compra y se vende. Es obvio que en una propuesta sólo mercantil los pobres son excluidos o quizás son un problema que se ignora o elimina.

En nuestra carta cuaresmal tomamos el capítulo 2 de la encíclica «Fratelli Tutti» que el Papa Francisco titula: «Un camino extraño». Allí reflexiona esa conocida y profunda parábola del buen Samaritano (Lc 10,25-37). «Jesús cuenta que había un hombre herido, tirado en el camino, que había sido asaltado. Pasaron varios a su lado pero huyeron, no se detuvieron. Eran personas con funciones importantes en la sociedad, que no tenían en el corazón el amor por el bien común. No fueron capaces de perder unos minutos para atender al herido o al menos para buscar ayuda. Uno se detuvo, le regaló cercanía, lo curó con sus propias manos, puso también dinero de su bolsillo y se ocupó de él. Sobre todo, le dio algo que en este mundo ansioso retaceamos tanto: le dio su tiempo. Seguramente él tenía sus planes para aprovechar aquel día según sus necesidades, compromisos o deseos. Pero fue capaz de dejar todo a un lado ante el herido, y sin conocerlo lo consideró digno de dedicarle su tiempo.» (FT 63)

Desde ya que esta parábola nos puede ayudar en nuestro examen de conciencia cuaresmal para volver a Dios y revisar conscientemente si en nuestra vida cotidiana los otros son mis hermanos. Al reflexionar sobre la parábola del buen Samaritano el Papa Francisco nos dice: «¿Con quién te identificas? Esta pregunta es cruda, directa y determinante. ¿A cuál de ellos te pareces? Nos hace falta reconocer la tentación que nos circunda de desentendernos de los demás; especialmente de los más débiles. Digámoslo, hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas. Nos acostumbramos a mirar para el costado, a pasar de lado, a ignorar las situaciones hasta que estas nos golpean directamente.» (FT 64)

En esta cuaresma nos puede venir bien preguntarnos al leer la parábola del buen Samaritano con quién nos identificamos. Quizás en lo personal podamos tener aspectos de los tres personajes principales de la misma: el herido tirado en el camino, el que es indiferente o ignora a sus hermanos y el buen Samaritano.

Revisarnos implica que nos encontremos con nosotros mismos. Es fundamental reconocer y ser veraces con nuestros dones y miserias. Somos siempre necesitados, de diferentes maneras. La humildad es la puerta de ingreso a la conversión a Dios y a los hermanos. La soberbia, por el contrario, es el peor de los pecados, es creerse como Dios, autosuficientes. Aquí nos replica la expresión del fariseo que agradece a Dios no ser como el publicano pecador (cfr. Lc 18,11-12). Todos necesitamos de Dios y de los otros que son nuestros hermanos.

También hoy, Jesús, «como buen samaritano, se acerca a todo hombre que sufre en su cuerpo o en su espíritu, y cura sus heridas con el aceite del consuelo y el vino de la esperanza». Que este sea también un desafío para nosotros, así nuestras comunidades imitando al Señor, podrán ser más samaritanas y por el don de la gracia incluso cuando nos veamos sumergidos en la noche del dolor podremos vislumbrar la luz pascual en Jesucristo muerto y resucitado

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!

Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas

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